Enfrentar una situación adversa requiere actitud. Las clásicas perspectivas de ver el vaso medio lleno o medio vacío se presentan siempre, pero cuando hablamos del turismo en el Perú, no se trata solo de elegir una actitud, sino de tener la determinación para cambiar una realidad compleja. Este sector demanda esfuerzo, perseverancia y visión a largo plazo.
El Perú, bendecido con una diversidad natural y cultural única, posee un potencial turístico incalculable. Desde paisajes impresionantes y sitios arqueológicos legendarios hasta una riqueza culinaria, artística y folklórica que maravilla al mundo. Sin embargo, este tesoro enfrenta numerosos desafíos: falta de infraestructura, conectividad deficiente, manejo inadecuado de ciudades, problemas de limpieza y ornato, inseguridad y carencia de recursos para proyectos de inversión. Todo esto limita nuestra competitividad frente a países vecinos como Colombia y Chile, que han sabido aprovechar mejor su potencial.
Es momento de reflexionar, analizar y actuar. El fortalecimiento de las instituciones vinculadas al turismo es imprescindible. En particular, los Colegios Profesionales de Turismo deben convertirse en actores clave, articulando los esfuerzos entre el sector público, el privado y el académico. Desde las municipalidades hasta los ministerios, pasando por las universidades e institutos, cada uno debe asumir su rol en la transformación del turismo en el Perú.
El sector académico tiene la misión de formar profesionales con capacidades de liderazgo y gestión para destinos turísticos, mientras que el sector privado debe garantizar servicios de calidad a pesar de la informalidad predominante. El sector público, por su parte, debe priorizar la planificación y la inversión en infraestructura y seguridad. Solo trabajando juntos podrán superarse los obstáculos que hoy frenan nuestro desarrollo turístico.
A pesar de los problemas de inseguridad, inestabilidad política y conflictos sociales que afectan al país, el turismo sigue siendo una actividad vital. Su potencial para generar empleo, dinamizar economías locales y proyectar una imagen positiva del Perú en el mundo es innegable. Sin embargo, lograr que este sector alcance su máximo esplendor requiere una decisión firme: consolidar instituciones, profesionalizar el sector y no desfallecer en el esfuerzo.
Quienes dedicamos nuestras vidas al turismo entendemos que este camino no es fácil. Son décadas de trabajo, estudio y pasión por un sector que representa mucho más que una actividad económica; es una manera de construir el futuro de nuestro país. Por ello, debemos seguir adelante, analizando, generando consensos y fortaleciendo nuestras capacidades.
Este amor por el turismo no es para cobardes. Es una lucha constante que exige valentía, compromiso y amor por el Perú. Sigamos trabajando, porque el futuro del turismo está en nuestras manos.