lunes, 2 de septiembre de 2013

Turismo y ocio en el Perú

Por Oscar Gamarra Dominguez

Cada vez que hacemos un análisis sobre los avances, aportes, problemas y demás factores inmersos dentro del turismo nos topamos con paredes invisibles que van desde paradigmas e ideologías hasta competencias “transferidas” a regiones y municipalidad que lamentablemente no cuentan con la capacidad técnica para ejecutar lo que dice en el papel. Es que en realidad analizar al turismo de manera aislada separado del territorio en donde confluyen visitantes y proveedores de servicios es seguir viendo el árbol y no el bosque.

Las actividades comprendidas dentro de lo que definimos como turismo están ciertamente encerradas entre viajes, desplazamientos y excursiones; pero existe un mayor número de actividades relacionadas al leisure o uso del tiempo libre que nuestra legislación no llega a entender completamente.

Podríamos preguntarnos ¿qué hacen los habitantes de una ciudad en sus tiempos libres? Y ¿quiénes les proveen de los servicios necesarios dentro de sus ciudades?

Podríamos enumerar muchas actividades, desde las más básicas como el hacer jogging alrededor de un parque, salir a comer un fin de semana o simplemente ir a un centro comercial y al cine; hasta un poco más complejas como realizar parapente en algún acantilado o ir en grupo a un campo de paintball.

Todas estas actividades están relacionadas al leisure pero no al turismo como sector, y entonces ¿quién las regula o las supervisa? ¿MINCETUR/DIRCETUR?, ¿las municipalidades? ¿MINSA/DIRESA?
Analizando un poco más allá ¿qué pasa cuando un turista utiliza este servicio nuevo? ¿Acaso por arte de magia se convierte en “turístico” y entra en las competencias de MINCETUR/DIRCETUR?

Veámoslo desde otro ángulo. Cuando analizamos los problemas de seguridad ciudadana; limpieza y ornato público; conectividad limitada entre destinos; informalidad, sostenibilidad ambiental, inequidad en la distribución de los beneficios económicos, impactos sociales, etc. debemos acudir a otros sectores no relacionados al turismo (MININTER, MINAM, MINEDU, PRODUCE, municipalidades, policía, SUNAT, etc). Entonces, llegamos a un punto en donde creer que un viceministerio o ministerio de turismo (o dircetur sea el caso) podría realmente solucionar lo complejo de la situación es bastante ilógico.

Creo que el primer paso es hacer un análisis real y lo más completo posible de los espacios, considerando no solamente al turismo como eje del análisis, sino al territorio con la totalidad de potencialidades, actividades económicas, problemas sociales, fortalezas, competitividad y sostenibilidad del destino. Sin maquillajes, con números reales que reflejen los impactos en la economía local/regional, con estudios de impactos ex-post de todos los proyectos públicos y privados ejecutados (por ONG’s, Cooperaciones, Estado, etc), georeferenciando los recursos, los servicios, las rutas, los centros de soporte dentro de las rutas y quizás lo más importante es tener en cuenta al MERCADO (sea éste local, nacional o internacional) o por lo menos tener el conocimiento del mercado y las reglas que lo rigen para no caer en regionalismos exagerados y tener estrategias y acciones seguras y acordes con la realidad.

Otro factor preponderante en la composición de los destinos es la calidad de los recursos humanos, tanto técnicos, como científicos. ¿Quién se encarga de asegurar la calidad de la enseñanza en los centros de formación de mandos medios y en las universidades que imparten la carrera de turismo (guiado, hotelería, gastronomía, aviación comercial, bartenders, etc)? ¿El ministerio de Educación?, ¿la Asamblea Nacional de Rectores?, ¿CENFOTUR? No es acaso una de las piezas fundamentales del engranaje turístico y social de los destinos y por ende debería existir una mínima participación del Estado a través de sus órganos sectoriales responsables al respecto léase MINCETUR/DIRCETUR. Lo cierto es que hay muy poca investigación científica en turismo y muchas de las investigaciones realizadas siguen encarpetadas en bibliotecas.

Afortunadamente existen algunas universidades que estudian y analizan al turismo por su impacto social en los pueblos y no solamente por el margen de ganancias que arrojan los estados financieros. Desde aquí debe partir el enfoque de desarrollo sostenible y no esperar que el mercado regule aspectos sociales.

Muchas veces da la impresión que no mencionamos los problemas o la complejidad de estos para hacer de cuenta que no existen; o es quizás que aquellos que hacen los planes estratégicos no se han dado cuenta que hace falta más que un enfoque turístico y mapas estratégicos para que las acciones tengan impactos reales en un territorio. Dejemos de ver las cosas “turisticamente”.

La responsabilidad de estar sentado en una dirección o viceministerio de carácter NACIONAL y PÚBLICO va mucho más allá de la simple ejecución de acciones desde Lima, muchas veces sin coordinación con las regiones. A nadie se le ocurriría entrar a la casa de otro sin pedir permiso o siquiera informar de lo que se está realizando. Amparándose en la transferencia de competencias y funciones realizada hace ya casi una década, cuando es de conocimiento público que las regiones no estuvieron preparadas para gestionar y dirigir sus  espacios en materia de turismo y algunas de ellas se repotenciaron solamente para “pasar” la valla impuesta por ley. Muchas de ellas aún no asumen ese liderazgo; y cuál es entonces la estrategia de trabajo con aquellas regiones para fortalecer sus capacidades de gestión. Los que sabemos cómo se está llevando a cabo los programas de fortalecimiento de capacidades de la gestión “turística” municipal totalmente centralizado desde Lima sabemos que solamente buscan llenar sus listas de asistentes y ejecutar acciones y claro “cuidando” al detalle cumplir los procesos y normas pero sin pensar en el impacto final. 

“A nadie se le ocurriría entrar a la casa de otro sin pedir permiso o siquiera informar de lo que se está realizando”

Tanto los que trabajamos en el Estado debemos ya de sacarnos el cliché de “turístico” de la cabeza; los que trabajamos en ONGs o Cooperaciones y los operadores privados debemos asumir que tenemos responsabilidad de la gestión pública de un territorio o destino. Todos sabemos que en el turismo la calidad de los servicios se deja de lado cuando el destino es inseguro, desordenado y con conflictos sociales; entonces pensemos más allá del turismo y del turista para pensar en el ciudadano usuario de servicios de recreación, de otra manera nuestros resultados siempre seguirán sesgados.

Necesitamos establecer un sistema de medición real para el turismo y las actividades de servicios relaciomadas al ocio y uso del tiempo libre en el Perú, no solamente tomando en cuenta las cifras de ingresos por puntos de frontera, ni el gasto promedio del turista/excursionista/viajero/visitante sino una aproximación del impacto generado por el dinero gastado en viajes y servicios en todo el país. A partir de ahí es cuando debemos trazarnos metas claras y totalmente cuantificables. Cualquier acción ejecutada o documento de gestión estratégica realizado sin un norte claro no es ni debe ser respaldado por ninguno de los actores que trabajamos y vivimos diariamente de esta apasionante actividad.