Por Oscar Gamarra Dominguez
Cada vez que hacemos un análisis
sobre los avances, aportes, problemas y demás factores inmersos dentro del
turismo nos topamos con paredes invisibles que van desde paradigmas e
ideologías hasta competencias “transferidas” a regiones y municipalidad que
lamentablemente no cuentan con la capacidad técnica para ejecutar lo que dice en el
papel. Es que en realidad analizar al turismo de manera aislada separado del
territorio en donde confluyen visitantes y proveedores de servicios es seguir
viendo el árbol y no el bosque.
Las actividades comprendidas
dentro de lo que definimos como turismo están ciertamente encerradas entre
viajes, desplazamientos y excursiones; pero existe un mayor número de
actividades relacionadas al leisure o
uso del tiempo libre que nuestra legislación no llega a
entender completamente.
Podríamos preguntarnos ¿qué hacen
los habitantes de una ciudad en sus tiempos libres? Y ¿quiénes les proveen de
los servicios necesarios dentro de sus ciudades?
Podríamos enumerar muchas
actividades, desde las más básicas como el hacer jogging alrededor de un
parque, salir a comer un fin de semana o simplemente ir a un centro comercial y
al cine; hasta un poco más complejas como realizar parapente en algún
acantilado o ir en grupo a un campo de paintball.
Todas estas actividades están
relacionadas al leisure pero no al turismo como sector, y entonces ¿quién las
regula o las supervisa? ¿MINCETUR/DIRCETUR?, ¿las municipalidades? ¿MINSA/DIRESA?
Analizando un poco más allá ¿qué
pasa cuando un turista utiliza este servicio nuevo? ¿Acaso por arte de magia se
convierte en “turístico” y entra en las competencias de MINCETUR/DIRCETUR?
Veámoslo desde otro ángulo.
Cuando analizamos los problemas de seguridad ciudadana; limpieza y ornato
público; conectividad limitada entre destinos; informalidad, sostenibilidad
ambiental, inequidad en la distribución de los beneficios económicos, impactos
sociales, etc. debemos acudir a otros sectores no relacionados al turismo (MININTER,
MINAM, MINEDU, PRODUCE, municipalidades, policía, SUNAT, etc). Entonces,
llegamos a un punto en donde creer que un viceministerio o ministerio de
turismo (o dircetur sea el caso) podría
realmente solucionar lo complejo de la situación es bastante ilógico.
Creo que el primer paso es hacer
un análisis real y lo más completo posible de los espacios, considerando no
solamente al turismo como eje del análisis, sino al territorio con la totalidad
de potencialidades, actividades económicas, problemas sociales, fortalezas,
competitividad y sostenibilidad del destino. Sin maquillajes, con números reales
que reflejen los impactos en la economía local/regional, con estudios de
impactos ex-post de todos los proyectos públicos y privados ejecutados (por
ONG’s, Cooperaciones, Estado, etc), georeferenciando los recursos, los
servicios, las rutas, los centros de soporte dentro de las rutas y quizás lo
más importante es tener en cuenta al MERCADO (sea éste local, nacional o
internacional) o por lo menos tener el conocimiento del mercado y las reglas
que lo rigen para no caer en regionalismos exagerados y tener estrategias y
acciones seguras y acordes con la realidad.
Otro factor preponderante en la
composición de los destinos es la calidad de los recursos humanos, tanto
técnicos, como científicos. ¿Quién se encarga de asegurar la calidad de la
enseñanza en los centros de formación de mandos medios y en las universidades
que imparten la carrera de turismo (guiado, hotelería, gastronomía, aviación
comercial, bartenders, etc)? ¿El ministerio de Educación?, ¿la Asamblea
Nacional de Rectores?, ¿CENFOTUR? No es acaso una de las piezas fundamentales
del engranaje turístico y social de los destinos y por ende debería existir una
mínima participación del Estado a través de sus órganos sectoriales
responsables al respecto léase MINCETUR/DIRCETUR. Lo cierto es que hay muy poca
investigación científica en turismo y muchas de las investigaciones
realizadas siguen encarpetadas en bibliotecas.
Afortunadamente existen algunas
universidades que estudian y analizan al turismo por su impacto social en los
pueblos y no solamente por el margen de ganancias que arrojan los estados
financieros. Desde aquí debe partir el enfoque de desarrollo sostenible y no
esperar que el mercado regule aspectos sociales.
Muchas veces da la impresión que
no mencionamos los problemas o la complejidad de estos para hacer de cuenta que
no existen; o es quizás que aquellos que hacen los planes estratégicos no se
han dado cuenta que hace falta más que un enfoque turístico y mapas
estratégicos para que las acciones tengan impactos reales en un territorio. Dejemos de ver las cosas “turisticamente”.
La responsabilidad de estar
sentado en una dirección o viceministerio de carácter NACIONAL y PÚBLICO va mucho más
allá de la simple ejecución de acciones desde Lima, muchas veces sin
coordinación con las regiones. A nadie se le ocurriría entrar a la casa de otro
sin pedir permiso o siquiera informar de lo que se está realizando. Amparándose
en la transferencia de competencias y funciones realizada hace ya casi una
década, cuando es de conocimiento público que las regiones no estuvieron
preparadas para gestionar y dirigir sus
espacios en materia de turismo y algunas de ellas se repotenciaron
solamente para “pasar” la valla impuesta por ley. Muchas de ellas aún no asumen
ese liderazgo; y cuál es entonces la estrategia de trabajo con aquellas
regiones para fortalecer sus capacidades de gestión. Los que sabemos cómo se
está llevando a cabo los programas de fortalecimiento de capacidades de la
gestión “turística” municipal totalmente centralizado desde Lima sabemos que solamente
buscan llenar sus listas de asistentes y ejecutar acciones y claro “cuidando”
al detalle cumplir los procesos y normas pero sin pensar en el impacto final.
“A nadie se le ocurriría entrar a la casa de otro sin pedir permiso o
siquiera informar de lo que se está realizando”
Tanto los que trabajamos en el
Estado debemos ya de sacarnos el cliché de “turístico” de la cabeza; los que
trabajamos en ONGs o Cooperaciones y los operadores privados debemos asumir que
tenemos responsabilidad de la gestión pública de un territorio o destino. Todos sabemos que en el turismo
la calidad de los servicios se deja de lado cuando el destino es inseguro,
desordenado y con conflictos sociales; entonces pensemos más allá del turismo y del turista para pensar en el ciudadano usuario de servicios de recreación,
de otra manera nuestros resultados siempre seguirán sesgados.
Necesitamos establecer un sistema
de medición real para el turismo y las actividades de servicios relaciomadas al ocio y uso del tiempo libre en el Perú, no solamente tomando en cuenta las
cifras de ingresos por puntos de frontera, ni el gasto promedio del
turista/excursionista/viajero/visitante sino una aproximación del impacto generado
por el dinero gastado en viajes y servicios en todo el país. A partir de ahí es
cuando debemos trazarnos metas claras y totalmente cuantificables. Cualquier
acción ejecutada o documento de gestión estratégica realizado sin un norte claro
no es ni debe ser respaldado por ninguno de los actores que trabajamos y vivimos diariamente de esta apasionante actividad.
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