miércoles, 26 de noviembre de 2025

Repensar el turismo peruano: romper la normalización del desorden y construir un sector del siglo XXI


El turismo peruano vive atrapado en una contradicción estructural. A pesar de su enorme potencial para generar empleo, reducir brechas y dinamizar territorios históricamente relegados, continúa operando con una institucionalidad fragmentada, con decisiones centralizadas en Lima y con una gestión pública que no dialoga con la realidad del territorio. Lo que en otros países es un sector estratégico del siglo XXI, en el Perú sigue funcionando bajo inercias del siglo pasado.

Históricamente, el crecimiento turístico desde los años 90 no fue producto de una política pública sólida, sino de coyunturas favorables: estabilidad macroeconómica, inversiones privadas dispersas y una mejora de la imagen país. Ese crecimiento sin planificación consolidó un modelo desigual, concentrado casi exclusivamente en Lima y Cusco, mientras el resto del país quedó reducido a “potencial turístico”, un término que ha servido para justificar la inacción.

Hoy, el panorama es aún más complejo. La gestión del turismo está distribuida entre múltiples sectores sin una coordinación efectiva: Cultura controla museos y sitios arqueológicos; Ambiente, las áreas naturales; el MTC, la conectividad; Vivienda, el saneamiento; y el MEF, la llave presupuestal. El MINCETUR —ente rector— carece del alcance institucional necesario. El resultado es un rompecabezas: cada entidad trabaja según su propia agenda y el país opera sin un modelo integrado de desarrollo turístico.

La situación de Machu Picchu revela con especial crudeza la desconexión entre el discurso de modernidad y la realidad operativa del país. En pleno siglo XXI, una de las maravillas del mundo todavía depende de venta presencial de boletos, filas interminables, reventa informal y desorden operativo, cuando lo mínimo indispensable sería un portal digital seguro, transparente y confiable, alineado con estándares internacionales que protegen al visitante y evitan la discrecionalidad. A ello se suma el problema estructural del transporte en buses desde Aguas Calientes hasta la Llaqta, un cuello de botella anunciado desde hace décadas y que ninguna institución —ni del gobierno nacional, ni del regional, ni del local— abordó con visión de futuro. Las medidas temporales, parciales o improvisadas han sido paliativos que solo postergan el conflicto. Hoy, el sistema está al borde del colapso: genera tensiones sociales recurrentes, incentiva la informalidad y transmite al turismo extranjero una imagen de precariedad incompatible con la importancia global de Machu Picchu. Lo más grave no es que el problema exista, sino que el país sabía que iba a estallar y aun así no se desarrollaron soluciones sostenibles de movilidad, seguridad y gestión digital que garanticen la protección del patrimonio y una experiencia digna para los visitantes.

Pero la debilidad no es únicamente estatal. Las universidades que imparten la carrera profesional de Turismo, que deberían ser un contrapeso técnico entre los intereses públicos y privados, no han logrado asumir ese rol. En lugar de producir investigación crítica, evaluar modelos de desarrollo o cuestionar las decisiones tomadas en las últimas tres décadas, muchas han priorizado sobrevivir: llenar aulas, mantener matrícula y sostener presupuestos. La academia turística peruana se ha vuelto poco articulada, poco influyente y débilmente representada, sin un bloque colegiado especializado que aporte evidencia, análisis y pensamiento estratégico.

Los colegios profesionales de turismo tampoco han logrado suplir ese vacío. Durante décadas estuvieron marcados por la mala gestión y la fragmentación interna. Recién desde 2021 han empezado a recomponerse, pero aún no ejercen la influencia técnica ni política que el sector necesita. Sin esa pata académica y colegiada —robusta, crítica y cohesionada— es imposible equilibrar la balanza frente a decisiones de corto plazo, intereses particulares o desconocimiento técnico del propio aparato estatal.

A ello se suma la fragmentación del Estado en sus tres niveles de gobierno, que dificulta cualquier articulación real. Las políticas de turismo son débiles o inexistentes; los gobiernos regionales y locales no cuentan con capacidades, personal técnico ni presupuestos; y los recursos provenientes de la Ley 27889 o de casinos y tragamonedas han terminado diluyéndose en pequeñas obras dispersas en un territorio inmenso, sin integración a corredores turísticos ni estrategias de comercialización. El resultado es predecible: proyectos que se deterioran, infraestructuras que no generan demanda y recursos públicos sin impacto.

Las condiciones externas agravan el problema: conectividad precaria, ausencia de vuelos interregionales, inseguridad creciente, informalidad en ascenso y competencia internacional que capitaliza cualquier tropiezo peruano. Mientras tanto, el país continúa gestionando su turismo como si siguiera siendo una actividad secundaria, sin comprender su rol estratégico para la economía, la identidad cultural y el desarrollo territorial.

Por estas razones, es urgente establecer una Política Nacional de Estado para el Turismo, no un documento sectorial más, sino una política jerárquica y vinculante liderada desde la Presidencia del Consejo de Ministros. Esta política debe operar a través de una Secretaría Técnica de Turismo, capaz de articular a todos los sectores, asignar prioridades, ordenar recursos y gestionar proyectos de alto impacto nacional.

La Secretaría deberá intervenir sobre destinos estratégicos como Machu Picchu, Cañón del Colca, Kuélap, Callejón de Huaylas, Paracas, Líneas de Nasca y las playas del norte. Estos lugares requieren soluciones de infraestructura, conectividad, conservación, seguridad y articulación comercial que hoy ningún sector puede resolver por sí solo. Se trata de destinos que, si se gestionan correctamente, pueden impulsar cadenas productivas regionales y descentralizar realmente los beneficios del turismo.

Esta visión debe acompañarse de políticas educativas y formativas coherentes. CENFOTUR debe fortalecerse y trabajar en alianza con instituciones regionales para ofrecer, de manera gratuita y descentralizada, formación de mandos medios, atención al cliente y, donde corresponda, la carrera de guía oficial de turismo. Sin capital humano no hay sostenibilidad posible. Y sin investigación universitaria no hay análisis crítico que oriente las decisiones de Estado.

Repensar el turismo implica abandonar de una vez por todas la administración del caos. Implica dejar de ver a Machu Picchu como un recurso aislado de territorio rico en otros recursos turísticos y abrir la mirada a un país completo, con rutas diversas, culturas vivas y paisajes que pueden transformar comunidades enteras.

Implica asumir que la sostenibilidad no se decreta: se construye con instituciones fuertes, academia activa, inversión inteligente y territorio articulado.

El turismo peruano no puede seguir siendo un conjunto de islas desconectadas. Necesita convertirse en un verdadero sector: planificado, articulado y con visión país. Solo entonces podremos decir que el turismo no es una actividad que crece “a pesar del Estado”, sino un motor que impulsa el futuro del Perú.

 

Oscar Gamarra Dominguez

Licenciado en Turismo y Hotelería por la Universidad de San Martín de Porres con colegiatura de COLITUR Lima N° 1449 y actualmente decano del Colegio de Licenciados en Turismo de Lima

 


sábado, 12 de abril de 2025

Una ley sin brújula: turismo peruano con normas y sin diagnóstico

Una ley sin brújula: turismo peruano con normas y sin diagnóstico

Por: Oscar Gamarra Domínguez, Licenciado en turismo y Hotelería

 

En medio del entusiasmo parlamentario por aprobar una nueva Ley General de Turismo, vale la pena preguntarnos si este cambio normativo responde realmente a las profundas transformaciones que requiere el sector. La respuesta, lamentablemente, es no.


La propuesta legislativa que hoy se presenta como “renovadora” sigue siendo, en esencia, una ampliación técnica de la Ley N.º 29408, aprobada en 2009. Si bien incorpora nuevas categorías, sistemas de información, enfoques de sostenibilidad e innovación, no enfrenta los principales cuellos de botella que limitan el desarrollo del turismo peruano.


La Coordinaci
ón Interinstitucional sigue siendo una ficción

Uno de los principales problemas que arrastra el turismo en Perú es su escasa articulación multisectorial. ¿Cómo aspiramos a un verdadero desarrollo turístico si los grandes temas —patrimonio, naturaleza, infraestructura, conectividad— siguen fuera del alcance real del ente rector, el MINCETUR?

La propuesta legislativa no establece mecanismos operativos que aseguren la coordinación efectiva con el Ministerio de Cultura, el Ministerio del Ambiente o el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, actores fundamentales para la puesta en valor del patrimonio, la gestión de áreas naturales protegidas o la mejora de accesos a destinos. El Comité Consultivo Regional o los entes gestores de destino son fórmulas vagas si no se acompañan de compromisos vinculantes y presupuestos compartidos. Cambiar la ley sin cambiar la forma de gobernar el turismo es una reforma incompleta.

Tampoco se aborda el problema de fondo de la pobre o nula coordinación intrasectorial entre los niveles de gobierno. En ausencia de una estructura jerárquica de orden superior —quizás desde la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM)—, toda coordinación se vuelve un saludo a la bandera.

¿Y la Profesionalización del sector?

Es sorprendente —y preocupante— que la nueva ley no mencione en absoluto a los colegios profesionales de turismo, ni reconozca su rol en la validación, vigilancia y promoción del ejercicio profesional. En un sector donde la calidad de los servicios está directamente ligada a la formación del capital humano, la omisión del rol profesional resulta un retroceso.

Los colegios profesionales de turismo no solo acreditan capacidades; también construyen ciudadanía turística, ética profesional y responsabilidad ante el patrimonio. Su exclusión de la norma denota una visión que aún privilegia al turismo como actividad económica, pero no como sistema cultural ni profesional.

Planeamiento sin horizonte ni prioridades

Otro de los vacíos más notables es la superficialidad del planeamiento estratégico. El PENTUR y los PERTUR no proyectan una visión de mediano o largo plazo como requiere el sector. Tampoco desarrollan con la profundidad necesaria la priorización de intervenciones en regiones que requieren urgentemente una reactivación turística, como el caso del Circuito Turístico Nor Oriental (CTN). Basta recordar el Plan Maestro de Desarrollo Turístico elaborado por JICA en los años 90, donde ya se planteaba un enfoque territorial claro y bien estructurado.

A ello se suma la necesidad imperiosa de fortalecer a las regiones —a través de las DIRCETURES— y a los gobiernos locales con potencial turístico. No es posible avanzar sin dotar a estos niveles de gobierno de capacidades técnicas, presupuestales y de gestión que les permitan planificar, promocionar y ejecutar inversiones públicas de manera adecuada. Las regiones deben ser protagonistas de la transformación turística, y no meros ejecutores de decisiones tomadas desde el nivel central.

No se trata solo de cambiar el texto de la ley. Se trata de cambiar la arquitectura del turismo en el Perú. Sin articulación interinstitucional, sin coordinación real entre niveles de gobierno, sin visión estratégica territorial y sin fortalecer el capital humano para la gestión, el emprendimiento y la competitividad de los destinos turísticos —tanto internos como receptivos—, ninguna norma logrará movilizar el enorme potencial turístico del país.

Sí, el Perú necesita una nueva Ley General de Turismo, pero no una que nazca solo desde el escritorio. Debe estar precedida por un análisis más profundo del sector, que permita entender las verdaderas razones del desorden en el crecimiento turístico del país. Necesitamos una ley que parta del diagnóstico real del territorio: ¿por qué seguimos con tasas tan altas de informalidad? ¿Cómo se puede mejorar la interconexión regional y multimodal de los destinos turísticos, conectando no solo con Lima, sino entre los propios circuitos del país? ¿Cuál ha sido el impacto y la eficacia de las inversiones realizadas por COPESCO desde la promulgación de la Ley N.º 27889 en 2002, que destina recursos para la instalación de servicios turísticos públicos? Estas preguntas deben responderse antes de diseñar cualquier norma. Una ley sin diagnóstico es solo un cambio de forma sin transformación de fondo.

Quizás ha llegado el momento de pensar en la creación de una Autoridad Nacional de Turismo con competencias suficientes para articular y ejecutar acciones multisectoriales en zonas de prioridad nacional. Sin este nivel de decisión, seguiremos atrapados entre el potencial y la parálisis.

Asimismo, la nueva ley debe también establecer un marco jurídico robusto que incentive y facilite la inversión pública y privada orientada al desarrollo de nuevos destinos turísticos, promoviendo la diversificación de la oferta territorial y el aprovechamiento sostenible de los recursos turísticos. Esta normativa debe priorizar la puesta en valor de los atractivos naturales, culturales y vivenciales del país, tanto para el fortalecimiento del turismo interno como para la consolidación del turismo receptivo, articulando estas inversiones a las ventajas comparativas y competitivas que posee el Perú.

 


sábado, 14 de diciembre de 2024

Este amor no es para cobardes


Enfrentar una situación adversa requiere actitud. Las clásicas perspectivas de ver el vaso medio lleno o medio vacío se presentan siempre, pero cuando hablamos del turismo en el Perú, no se trata solo de elegir una actitud, sino de tener la determinación para cambiar una realidad compleja. Este sector demanda esfuerzo, perseverancia y visión a largo plazo.

El Perú, bendecido con una diversidad natural y cultural única, posee un potencial turístico incalculable. Desde paisajes impresionantes y sitios arqueológicos legendarios hasta una riqueza culinaria, artística y folklórica que maravilla al mundo. Sin embargo, este tesoro enfrenta numerosos desafíos: falta de infraestructura, conectividad deficiente, manejo inadecuado de ciudades, problemas de limpieza y ornato, inseguridad y carencia de recursos para proyectos de inversión. Todo esto limita nuestra competitividad frente a países vecinos como Colombia y Chile, que han sabido aprovechar mejor su potencial.

Es momento de reflexionar, analizar y actuar. El fortalecimiento de las instituciones vinculadas al turismo es imprescindible. En particular, los Colegios Profesionales de Turismo deben convertirse en actores clave, articulando los esfuerzos entre el sector público, el privado y el académico. Desde las municipalidades hasta los ministerios, pasando por las universidades e institutos, cada uno debe asumir su rol en la transformación del turismo en el Perú.

El sector académico tiene la misión de formar profesionales con capacidades de liderazgo y gestión para destinos turísticos, mientras que el sector privado debe garantizar servicios de calidad a pesar de la informalidad predominante. El sector público, por su parte, debe priorizar la planificación y la inversión en infraestructura y seguridad. Solo trabajando juntos podrán superarse los obstáculos que hoy frenan nuestro desarrollo turístico.

A pesar de los problemas de inseguridad, inestabilidad política y conflictos sociales que afectan al país, el turismo sigue siendo una actividad vital. Su potencial para generar empleo, dinamizar economías locales y proyectar una imagen positiva del Perú en el mundo es innegable. Sin embargo, lograr que este sector alcance su máximo esplendor requiere una decisión firme: consolidar instituciones, profesionalizar el sector y no desfallecer en el esfuerzo.

Quienes dedicamos nuestras vidas al turismo entendemos que este camino no es fácil. Son décadas de trabajo, estudio y pasión por un sector que representa mucho más que una actividad económica; es una manera de construir el futuro de nuestro país. Por ello, debemos seguir adelante, analizando, generando consensos y fortaleciendo nuestras capacidades.

Este amor por el turismo no es para cobardes. Es una lucha constante que exige valentía, compromiso y amor por el Perú. Sigamos trabajando, porque el futuro del turismo está en nuestras manos.

miércoles, 7 de julio de 2021

Gobernanza del Turismo en el Perú

Mucho antes de entrar en el estado de emergencia del 2020, el Perú ya tenía una aguda crisis en la gestión del turismo que no era percibida como tal quizás por los indicadores de crecimiento que hemos tenido desde mediados de los 90’s; sin embargo, esta crisis no había sido advertida por los stakeholders del turismo nacional hasta que la pandemia la desnudó por completo.

Quizás por causa de la ausencia de políticas públicas en turismo para el largo plazo sumado a un vacío jurídico que permita la coordinación “obligatoria” entre los niveles nacional, regional y local; así como las coordinaciones intersectoriales prácticamente inexistentes en los espacios públicos y privados.


Desde los años 90’s hemos tenido un crecimiento superior al 8%, mayor el promedio mundial, en ingresos de visitantes extranjeros, movimiento interno de visitantes e inversiones en servicios de alojamiento, alimentación y otros servicios relacionados; sin embargo, el último ingresos de visitantes extranjeros, movimiento interno de visitantes e inversiones en servicios de alojamiento, alimentación y otros servicios relacionados; sin embargo, el último plan país para el desarrollo del sector data del año 2000 el cual nunca fue ejecutado y desde ese entonces, el sector ha estado al vaivén de los gobiernos de turno que cada 2 o 3 años cambiaban las políticas sectoriales a través de planes estratégicos los cuales quedan como una declaración de buenos deseos.


El sector privado, representado por gremios nacionales, no expresan las necesidades de las regiones las cuales están prácticamente olvidadas con escasos recursos destinos a proyectos, planificación o promoción. Por décadas, el Perú concentra en exceso su oferta turística en Cusco y Machu Picchu al sur del país mientras que el norte y la selva amazónica no han sido desarrollados para el turismo.


Existe un gran vacío que requiere urgentemente de una adecuada coordinación, una adecuada gobernanza que permita desarrollar un modelo sostenible para las poblaciones locales.


Publicado en la Revista el Turismologo (Chile) Edición Perú 01. www.elturismologo.com

jueves, 13 de mayo de 2021

¿Turismo post pandemia?

 

Hace 5 años exactamente, antes de la elección de la segunda vuelta entre Keiko y PPK, me atreví a escribir esta sucinta reflexión sobre el Turismo en el país y realmente la situación no ha cambiado y peor aun ha empeorado con la pandemia que atravesamos la cual, sin lugar a dudas, deja al sector turismo agonizando.

Artículo escrito en abril del 2016: http://peruturismoydesarrollo.blogspot.com/2016/04/el-turismo-necesita-una-reforma.html

Sea quien sea que gobierne el Perú del 2021 al 2026 tendrá un reto muy grande: REACTIVAR EL TURISMO y para empezar esa tarea debemos tener ciertas condiciones (algunas fuera del sector turismo) que permitan dicha reactivación:

  1. Para que el turismo interno se reactive será necesario que un gran porcentaje de la población que pertenece a los mercados emisores esté vacunada. Hasta que eso no suceda, será poco probable que el impacto por los viajes domésticos sea suficiente para las empresas en los destinos receptores.
  2. Que los destinos prioritarios para el turismo interno y receptivo tengan a su población vacunada.
  3. Que la percepción de los mercados emisores (interno y receptivo) sobre las condiciones sanitarias en los destinos receptores sea la adecuada, lo cual es un trabajo de promoción (PROMPERU) con mensajes específicos, y más allá de eso, que dicha percepción sea tangible en los destinos, tanto en los prestadores de servicios como en los atractivos más importantes cuya gestión y competencia recaen en el Ministerio de ambiente (SERNANP) y el Ministerio de Cultura (museos y sitios arqueológicos)
  4. Entender que el 90% o más de las empresas de turismo en el país son mypes y pymes que difícilmente pueden acceder al FAE Turismo o a medios tradicionales de créditos que les permitan sobrevivir a esta pandemia y se encuentran al borde de la quiebra. Estas empresas requieren algún tipo de salvataje económico porque llevan más de un año sin ingresos o con ingresos que no llegan al 20% de lo habitual.
  5. Estas pequeñas empresas NO SE ENCUENTRAN representadas en los gremios nacionales (CANATUR, APOTUR, APAVIT, APTAE) con quienes MINCETUR coordina las acciones para el sector. En efecto, existe un grave problema de asociatividad de prestadores de servicios turísticos en el país y las acciones para solucionarlo NO HA SIDO una prioridad para el Estado.
  6. Los emprendedores de Turismo Rural (no me refiero a los grandes lodges ubicados en espacios rurales) se encuentran abandonados a su suerte y no existen acciones específicas para ellos durante la pandemia. De hecho, no hay una normatividad específica para que puedan formalizar sus negocios, pagar impuestos o estar exonerados de hacerlo. Pertenecen además a poblaciones vulnerables ubicadas en distritos pobres o de pobreza extrema y requieren tener acciones concretas que consideren esta situación. Y ojo que debemos hacer una diferencia pues la estrategia de Turismo Comunitario de MINCETUR atiende a un pequeño porcentaje de emprendedores dentro del gran universo rural.
  7. Si el Estado cuenta con un CENTRO DE FORMACION EN TURISMO, es necesario que su alcance sea nacional. No es posible que existan destinos con serias deficiencias que no sean atendidas por el Estado. MINCETUR/CENFOTUR se excusa con un proceso fallido de descentralización indicando que es una competencia regional/municipal quienes en su gran mayoría no cuentan con recursos ni capacidades para resolver esta brecha.
  8. Se requiere asignar recursos públicos para:

a.     Elaboración de fichas para proyectos en el marco de Invierte.pe (pretender que los mismos gobiernos locales o regionales los van a elaborar es muy poco probable)

b.     Ejecutar los proyectos de inversión PRIORIZADOS que estén destinados a la adecuación y promoción de los destinos turísticos.

Podríamos extender la lista, sin embargo, es necesario priorizar acciones, planificar. El turismo en el Perú no cuenta con un verdadero plan de desarrollo sectorial. El PENTUR y PENTURES desarrollados se resumen a una suma de buenos deseos que no cuentan con responsables, asignación real de recursos, ni cronogramas de ejecución, y finalmente no son evaluados ni se asume responsabilidad por su ejecución. El último plan país fue en el 2000 con el Plan Maestro el cual no pudo ser ejecutado por diversos problemas políticos.

Y no olvidemos a los gobiernos regionales y locales, que se encuentran supeditados a las decisiones políticas del gobernador o de sus alcaldes. Realmente es imposible analizar el rol que puede ser bueno o inexistente porque cada 4 años siempre va a cambiar de rumbo.

Al parecer, el turismo seguirá siendo la última rueda del coche para cualquiera que asuma el gobierno en julio de este año.


Oscar Gamarra Dominguez
Consultor en Turismo

martes, 21 de noviembre de 2017

Apuntes sobre política y nuestro rol activo para el desarrollo del país.

Algo sobre política que acabo de leer y deseo compartir porque no podría encontrar mejores palabras para describir mi opinión sobre la política en nuestro país.

Me quedo con estas frases que estan dentro del artículo:

 "Estamos ante un nuevo tipo de maldad que a través de la burocracia transforma a los Estados en frías y simples redecillas de la maquinaria administrativa"

"Cuando la política se banaliza, se pierde este horizonte histórico que está a la base. Diluida la conciencia histórica, se abandona también la intención de construir siquiera el Perú. Diluida la voluntad de construir el Perú, ya no hay trabajo que emprender en ese sentido ni, por consiguiente, tampoco necesidad de justificar el Perú y todo lo que esta palabra implica cuando se le contrasta con la realidad que significa, describe y explica. Si bien el trabajo mayor es construirnos a nosotros mismos, poco o casi nada contribuye la clase política cuando pierde el horizonte histórico que sustenta nuestra existencia actual como país latinoamericano."

 "Los políticos genuinos, en cambio, están entre los ciudadanos honestos que contribuyen decididamente a la construcción cotidiana del Perú, llevan las cuentas de sus impuestos con total transparencia y tienen pleno conocimiento de las instancias más activas del Estado, donde está lo mejor del Perú, apuntalando esa apasionada voluntad de hacerlo un país digno y respetuoso de sus ciudadanos, un país viable y vivible que acoja a sus ciudadanos sin caer en el paternalismo asistencialista, y que los acoja en el espíritu de colaboración que está a la base del ser peruano, que confía en el trabajo colectivo y en la organización de la ciudadanía para contener al Estado peruano en su forma y sustancia, aportándole lo mejor de nosotros mismos."

"Una política basada en principios y no en las circunstancias siempre contingentes y precarias del comercio humano debiera tener en cuenta las bondades y las ventajas que reporta la consolidación de una ciudadanía más consciente de su ser, de su poder de influencia y de su capacidad de movilización"

Artículo completo: http://revistaideele.com/ideele/content/la-banalización-de-la-política por Soledad Escalante Beltrán Profesora principal de la Escuela de Filosofía de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

martes, 1 de agosto de 2017

Del turismo rural al desarrollo rural, integrando iniciativas con una mirada territorial


 Oscar Gamarra Dominguez y Ricardo Castro Pacheco

RESUMEN
El artículo realiza, de manera sucinta, un análisis de las intervenciones que se han realizado en décadas pasadas en Turismo Rural en el Perú, ya sea a través de fondos de cooperación o a través de la intervención del Estado Peruano. Asimismo, analiza la Estrategia de Turismo Rural Comunitario y su visión del mundo rural, y cómo, a pesar de los esfuerzos realizados, aún no se ha alcanzado el desarrollo de las comunidades locales. Cuestiones como infraestructura básica o generación y mejora de capacidades requieren de la urgente atención del Estado, a fin de mejorar las condiciones para alcanzar el mentado de, en el que el turismo pueda convertirse en un motor para dicho objetivo.

Si deseas leer el artículo competo debes ingresar a este link: https://goo.gl/5Fy6QA