martes, 28 de julio de 2026

El turismo que tenemos y el turismo que necesitamos


Resumen

El turismo peruano posee una de las mayores ventajas competitivas del mundo gracias a su patrimonio cultural, biodiversidad, gastronomía y diversidad geográfica. Sin embargo, su desarrollo continúa limitado por problemas estructurales que trascienden la promoción turística y afectan directamente la competitividad de los destinos.
El principal problema identificado es la ausencia de una política pública integral de gestión de destinos, donde las competencias se encuentran dispersas entre diversas entidades sin una adecuada articulación nacional, regional y local. Esto ha generado inversiones públicas poco efectivas, escasa innovación, alta concentración territorial del turismo y una pérdida progresiva de competitividad.

Los principales hallazgos del diagnóstico son:
Conectividad aérea insuficiente, con una excesiva dependencia de Lima y escasos vuelos interregionales que permitan desarrollar nuevos circuitos turísticos, especialmente en el norte y la Amazonía.
Infraestructura aeroportuaria limitada, tanto en equipamiento como en capacidad para recibir vuelos nacionales e internacionales, sumado a restricciones regulatorias y acuerdos bilaterales que dificultan el ingreso de nuevas aerolíneas.
Concentración del turismo en el circuito sur, principalmente alrededor de Cusco, Machu Picchu, Arequipa, Puno y Madre de Dios, dejando gran parte del territorio nacional fuera de los beneficios económicos del turismo.
Escasa innovación y desarrollo de productos turísticos, debido a la falta de incentivos que permitan al sector privado invertir en nuevas experiencias vinculadas al ecoturismo, turismo rural, aventura, naturaleza y turismo comunitario.
Altos niveles de informalidad, que afectan la competitividad, reducen la recaudación tributaria y, sobre todo, ponen en riesgo la seguridad e integridad de los turistas por el incumplimiento de estándares mínimos de operación.
Debilidad de la planificación turística, luego de perder continuidad el Plan Maestro desarrollado con la cooperación japonesa (JICA), siendo reemplazado por instrumentos como el PENTUR y los PERTUR que, en muchos casos, no lograron convertirse en verdaderas herramientas de gestión territorial.
Descentralización incompleta, donde se transfirieron competencias a gobiernos regionales sin desarrollar simultáneamente capacidades técnicas, recursos humanos especializados ni mecanismos efectivos de coordinación.
Deficiencias en la inversión pública, caracterizadas por proyectos mal formulados, infraestructura sin gestión posterior, baja articulación territorial y limitada evaluación de resultados.
Gestión municipal insuficiente del espacio público, donde aspectos como limpieza pública, ornato, residuos sólidos, señalización, iluminación y recuperación urbana no forman parte de una estrategia nacional de competitividad turística.
Abandono de destinos emergentes, que, pese a contar con importantes recursos turísticos, no reciben asistencia técnica, capacitación, financiamiento ni acompañamiento para transformarse en productos comercializables.
Gestión del patrimonio cultural con limitada visión turística, predominando un enfoque de conservación sin una adecuada integración con la experiencia del visitante y la competitividad de los destinos. Machu Picchu constituye el ejemplo más evidente de esta problemática.
Debilitamiento de la formación del capital humano, debido a que CENFOTUR no cumple plenamente el rol de institución pública nacional de capacitación permanente para destinos emergentes, concentrando buena parte de sus actividades en servicios financiados mediante convenios o recursos externos.
Escasa articulación con la academia, desaprovechando el conocimiento generado por universidades, colegios profesionales y centros especializados para fortalecer la formulación de políticas públicas.
En conjunto, estos factores explican por qué el Perú, a pesar de contar con una de las mayores riquezas turísticas de Sudamérica, aún no logra convertir ese potencial en un sistema turístico competitivo, descentralizado y sostenible.


Este borrador podría ser la base para elaborar un "Diagnóstico de la situación del turismo en el Perú" 

1. Introducción
El turismo representa una actividad estratégica para el desarrollo económico y social del Perú. Su capacidad para generar empleo, dinamizar economías locales, promover la conservación del patrimonio y reducir desigualdades territoriales lo convierten en un sector prioritario.
No obstante, el crecimiento del turismo peruano ha estado sustentado principalmente en el extraordinario atractivo de sus recursos naturales y culturales, más que en una política pública moderna de gestión de destinos.
Actualmente existen importantes brechas institucionales que limitan la competitividad del sector y dificultan el aprovechamiento del enorme potencial turístico nacional.
2. Infraestructura y conectividad aérea
La conectividad aérea continúa siendo uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo turístico nacional.
El modelo actual concentra la mayor parte de los vuelos en Lima, obligando a realizar conexiones innecesarias entre destinos que podrían integrarse directamente mediante rutas interregionales.
Entre los principales problemas destacan:
escasa conectividad aérea interregional;
ausencia de corredores turísticos aéreos;
limitada infraestructura aeroportuaria;
deficiente equipamiento operativo;
restricciones para recibir nuevas aerolíneas internacionales;
necesidad de revisar acuerdos bilaterales y políticas de cielos abiertos.
La conectividad debe dejar de entenderse únicamente como infraestructura aeroportuaria y pasar a formar parte de una estrategia nacional de corredores turísticos.
3. Innovación y desarrollo de productos turísticos
El turismo peruano continúa concentrándose en pocos destinos tradicionales.
La innovación en productos turísticos es limitada y existen pocos incentivos para que el sector privado desarrolle nuevas experiencias orientadas al ecoturismo, naturaleza, turismo rural, turismo comunitario, aventura o turismo científico.
El Estado no debe crear productos turísticos, pero sí generar condiciones favorables mediante:
incentivos tributarios;
fondos concursables;
simplificación administrativa;
asistencia técnica;
acceso a financiamiento;
inteligencia de mercados;
promoción segmentada.
4. Informalidad y seguridad turística
La informalidad continúa siendo uno de los principales obstáculos para la competitividad.
Sus efectos trascienden la evasión tributaria y afectan directamente:
la seguridad del visitante;
la calidad del servicio;
la reputación del destino;
la competencia empresarial.
La política pública debe combinar incentivos para la formalización con una fiscalización efectiva y sanciones frente a operaciones que pongan en riesgo la vida y seguridad de los turistas.
5. Planificación turística y gobernanza
Tras el Plan Maestro de Turismo desarrollado con apoyo de JICA, el país perdió continuidad en la planificación estratégica.
Los PENTUR y PERTUR, aunque conceptualmente importantes, no lograron consolidarse como instrumentos efectivos de gestión territorial.
La descentralización transfirió funciones, pero no fortaleció capacidades técnicas, financiamiento ni mecanismos de coordinación entre niveles de gobierno.
6. Inversión pública y capacidad institucional
La inversión pública presenta problemas recurrentes:
proyectos deficientemente formulados;
infraestructura sin mantenimiento;
intervenciones aisladas;
baja evaluación de resultados;
escasa relación entre inversión y competitividad.
A ello se suma un crecimiento de estructuras administrativas sin un fortalecimiento equivalente de especialistas en planificación turística, gestión de destinos, formulación de proyectos e inteligencia de mercados.
7. Gestión territorial, limpieza pública y competitividad de los destinos
La competitividad turística también depende del estado del espacio público.
Actualmente no existe una política nacional que articule turismo con las competencias municipales relacionadas con:
limpieza pública;
ornato;
manejo de residuos sólidos;
áreas verdes;
señalización;
iluminación;
movilidad peatonal;
seguridad ciudadana.
Muchos distritos y centros poblados con potencial turístico han sido identificados mediante inventarios, pero posteriormente no reciben:
asistencia técnica;
recursos económicos;
capacitación;
fortalecimiento institucional;
acompañamiento empresarial.
En diversos corredores turísticos, especialmente del norte peruano, la acumulación de residuos sólidos en carreteras, playas y miradores deteriora la imagen del destino y desincentiva su comercialización por parte de operadores turísticos.
8. Gestión del patrimonio cultural
El patrimonio arqueológico constituye una ventaja competitiva extraordinaria.
Sin embargo, la gestión continúa centrándose principalmente en criterios de conservación, dejando en segundo plano la experiencia turística y la competitividad de los destinos.
La limitada articulación entre el Ministerio de Cultura y el MINCETUR dificulta:
el uso turístico sostenible;
la planificación de visitantes;
la interpretación patrimonial;
la diversificación de experiencias.
Machu Picchu representa el caso más visible de esta problemática. Si el principal atractivo turístico nacional enfrenta dificultades de gestión, es razonable asumir que la situación resulta aún más compleja en numerosos sitios arqueológicos con menor capacidad institucional.
9. Formación del capital humano
El fortalecimiento de capacidades constituye uno de los pilares del desarrollo turístico.
Sin embargo, CENFOTUR no viene desempeñando plenamente el papel de una institución pública nacional dedicada a capacitar permanentemente a los destinos turísticos emergentes.
Gran parte de sus intervenciones dependen de convenios, consultorías o financiamiento externo, limitando su cobertura territorial.
Como consecuencia, numerosos destinos carecen de programas permanentes dirigidos a:
emprendedores;
comunidades rurales;
gobiernos locales;
operadores turísticos;
hospedajes;
restaurantes;
guías locales;
personal operativo y mandos medios.
La capacitación debe convertirse en una política pública permanente, priorizando los destinos emergentes y fortaleciendo la calidad del servicio.
10. Academia e investigación
La formulación de políticas públicas ha ido reduciendo progresivamente la participación de:
universidades;
centros de investigación;
colegios profesionales;
especialistas independientes.
Esto ha favorecido la elaboración de numerosos documentos de gestión con escasa aplicación práctica y limitado respaldo técnico.
El fortalecimiento del turismo requiere incorporar nuevamente a la academia como parte permanente del sistema nacional de innovación turística.
11. Financiamiento del turismo
El Perú cuenta con el Impuesto Extraordinario para la Promoción y Desarrollo Turístico Nacional, creado por la Ley N.º 27889, que grava con US$15 el ingreso al país por vía aérea internacional.
Estos recursos financian acciones de promoción turística e inversiones a cargo de PROMPERÚ y de la Unidad Ejecutora de Inversión en Comercio Exterior y Turismo (antes Proyecto Especial Plan COPESCO).
Resulta necesario evaluar si la distribución y utilización de estos recursos ha contribuido efectivamente a mejorar la competitividad de los destinos y diversificar la oferta turística nacional.
Conclusión
El principal problema del turismo peruano no radica en la falta de atractivos, patrimonio o presupuesto. El país posee recursos excepcionales y un posicionamiento internacional privilegiado.
La principal debilidad es la fragmentación de la gestión pública del turismo. Las políticas, inversiones y competencias se encuentran dispersas entre múltiples instituciones, sin una visión integrada de desarrollo de destinos.
Superar esta situación exige una reforma orientada a fortalecer la gobernanza, modernizar la planificación, mejorar la conectividad, impulsar la innovación empresarial, profesionalizar el capital humano y convertir la competitividad territorial en el eje central de la política turística nacional.

Oscar Gamarra Dominguez 
Licenciado en Turismo y Hotelería 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Repensar el turismo peruano: romper la normalización del desorden y construir un sector del siglo XXI


El turismo peruano vive atrapado en una contradicción estructural. A pesar de su enorme potencial para generar empleo, reducir brechas y dinamizar territorios históricamente relegados, continúa operando con una institucionalidad fragmentada, con decisiones centralizadas en Lima y con una gestión pública que no dialoga con la realidad del territorio. Lo que en otros países es un sector estratégico del siglo XXI, en el Perú sigue funcionando bajo inercias del siglo pasado.

Históricamente, el crecimiento turístico desde los años 90 no fue producto de una política pública sólida, sino de coyunturas favorables: estabilidad macroeconómica, inversiones privadas dispersas y una mejora de la imagen país. Ese crecimiento sin planificación consolidó un modelo desigual, concentrado casi exclusivamente en Lima y Cusco, mientras el resto del país quedó reducido a “potencial turístico”, un término que ha servido para justificar la inacción.

Hoy, el panorama es aún más complejo. La gestión del turismo está distribuida entre múltiples sectores sin una coordinación efectiva: Cultura controla museos y sitios arqueológicos; Ambiente, las áreas naturales; el MTC, la conectividad; Vivienda, el saneamiento; y el MEF, la llave presupuestal. El MINCETUR —ente rector— carece del alcance institucional necesario. El resultado es un rompecabezas: cada entidad trabaja según su propia agenda y el país opera sin un modelo integrado de desarrollo turístico.

La situación de Machu Picchu revela con especial crudeza la desconexión entre el discurso de modernidad y la realidad operativa del país. En pleno siglo XXI, una de las maravillas del mundo todavía depende de venta presencial de boletos, filas interminables, reventa informal y desorden operativo, cuando lo mínimo indispensable sería un portal digital seguro, transparente y confiable, alineado con estándares internacionales que protegen al visitante y evitan la discrecionalidad. A ello se suma el problema estructural del transporte en buses desde Aguas Calientes hasta la Llaqta, un cuello de botella anunciado desde hace décadas y que ninguna institución —ni del gobierno nacional, ni del regional, ni del local— abordó con visión de futuro. Las medidas temporales, parciales o improvisadas han sido paliativos que solo postergan el conflicto. Hoy, el sistema está al borde del colapso: genera tensiones sociales recurrentes, incentiva la informalidad y transmite al turismo extranjero una imagen de precariedad incompatible con la importancia global de Machu Picchu. Lo más grave no es que el problema exista, sino que el país sabía que iba a estallar y aun así no se desarrollaron soluciones sostenibles de movilidad, seguridad y gestión digital que garanticen la protección del patrimonio y una experiencia digna para los visitantes.

Pero la debilidad no es únicamente estatal. Las universidades que imparten la carrera profesional de Turismo, que deberían ser un contrapeso técnico entre los intereses públicos y privados, no han logrado asumir ese rol. En lugar de producir investigación crítica, evaluar modelos de desarrollo o cuestionar las decisiones tomadas en las últimas tres décadas, muchas han priorizado sobrevivir: llenar aulas, mantener matrícula y sostener presupuestos. La academia turística peruana se ha vuelto poco articulada, poco influyente y débilmente representada, sin un bloque colegiado especializado que aporte evidencia, análisis y pensamiento estratégico.

Los colegios profesionales de turismo tampoco han logrado suplir ese vacío. Durante décadas estuvieron marcados por la mala gestión y la fragmentación interna. Recién desde 2021 han empezado a recomponerse, pero aún no ejercen la influencia técnica ni política que el sector necesita. Sin esa pata académica y colegiada —robusta, crítica y cohesionada— es imposible equilibrar la balanza frente a decisiones de corto plazo, intereses particulares o desconocimiento técnico del propio aparato estatal.

A ello se suma la fragmentación del Estado en sus tres niveles de gobierno, que dificulta cualquier articulación real. Las políticas de turismo son débiles o inexistentes; los gobiernos regionales y locales no cuentan con capacidades, personal técnico ni presupuestos; y los recursos provenientes de la Ley 27889 o de casinos y tragamonedas han terminado diluyéndose en pequeñas obras dispersas en un territorio inmenso, sin integración a corredores turísticos ni estrategias de comercialización. El resultado es predecible: proyectos que se deterioran, infraestructuras que no generan demanda y recursos públicos sin impacto.

Las condiciones externas agravan el problema: conectividad precaria, ausencia de vuelos interregionales, inseguridad creciente, informalidad en ascenso y competencia internacional que capitaliza cualquier tropiezo peruano. Mientras tanto, el país continúa gestionando su turismo como si siguiera siendo una actividad secundaria, sin comprender su rol estratégico para la economía, la identidad cultural y el desarrollo territorial.

Por estas razones, es urgente establecer una Política Nacional de Estado para el Turismo, no un documento sectorial más, sino una política jerárquica y vinculante liderada desde la Presidencia del Consejo de Ministros. Esta política debe operar a través de una Secretaría Técnica de Turismo, capaz de articular a todos los sectores, asignar prioridades, ordenar recursos y gestionar proyectos de alto impacto nacional.

La Secretaría deberá intervenir sobre destinos estratégicos como Machu Picchu, Cañón del Colca, Kuélap, Callejón de Huaylas, Paracas, Líneas de Nasca y las playas del norte. Estos lugares requieren soluciones de infraestructura, conectividad, conservación, seguridad y articulación comercial que hoy ningún sector puede resolver por sí solo. Se trata de destinos que, si se gestionan correctamente, pueden impulsar cadenas productivas regionales y descentralizar realmente los beneficios del turismo.

Esta visión debe acompañarse de políticas educativas y formativas coherentes. CENFOTUR debe fortalecerse y trabajar en alianza con instituciones regionales para ofrecer, de manera gratuita y descentralizada, formación de mandos medios, atención al cliente y, donde corresponda, la carrera de guía oficial de turismo. Sin capital humano no hay sostenibilidad posible. Y sin investigación universitaria no hay análisis crítico que oriente las decisiones de Estado.

Repensar el turismo implica abandonar de una vez por todas la administración del caos. Implica dejar de ver a Machu Picchu como un recurso aislado de territorio rico en otros recursos turísticos y abrir la mirada a un país completo, con rutas diversas, culturas vivas y paisajes que pueden transformar comunidades enteras.

Implica asumir que la sostenibilidad no se decreta: se construye con instituciones fuertes, academia activa, inversión inteligente y territorio articulado.

El turismo peruano no puede seguir siendo un conjunto de islas desconectadas. Necesita convertirse en un verdadero sector: planificado, articulado y con visión país. Solo entonces podremos decir que el turismo no es una actividad que crece “a pesar del Estado”, sino un motor que impulsa el futuro del Perú.

 

Oscar Gamarra Dominguez

Licenciado en Turismo y Hotelería por la Universidad de San Martín de Porres con colegiatura de COLITUR Lima N° 149 y actualmente decano del Colegio de Licenciados en Turismo de Lima

 


sábado, 12 de abril de 2025

Una ley sin brújula: turismo peruano con normas y sin diagnóstico

Una ley sin brújula: turismo peruano con normas y sin diagnóstico

Por: Oscar Gamarra Domínguez, Licenciado en turismo y Hotelería

 

En medio del entusiasmo parlamentario por aprobar una nueva Ley General de Turismo, vale la pena preguntarnos si este cambio normativo responde realmente a las profundas transformaciones que requiere el sector. La respuesta, lamentablemente, es no.


La propuesta legislativa que hoy se presenta como “renovadora” sigue siendo, en esencia, una ampliación técnica de la Ley N.º 29408, aprobada en 2009. Si bien incorpora nuevas categorías, sistemas de información, enfoques de sostenibilidad e innovación, no enfrenta los principales cuellos de botella que limitan el desarrollo del turismo peruano.


La Coordinaci
ón Interinstitucional sigue siendo una ficción

Uno de los principales problemas que arrastra el turismo en Perú es su escasa articulación multisectorial. ¿Cómo aspiramos a un verdadero desarrollo turístico si los grandes temas —patrimonio, naturaleza, infraestructura, conectividad— siguen fuera del alcance real del ente rector, el MINCETUR?

La propuesta legislativa no establece mecanismos operativos que aseguren la coordinación efectiva con el Ministerio de Cultura, el Ministerio del Ambiente o el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, actores fundamentales para la puesta en valor del patrimonio, la gestión de áreas naturales protegidas o la mejora de accesos a destinos. El Comité Consultivo Regional o los entes gestores de destino son fórmulas vagas si no se acompañan de compromisos vinculantes y presupuestos compartidos. Cambiar la ley sin cambiar la forma de gobernar el turismo es una reforma incompleta.

Tampoco se aborda el problema de fondo de la pobre o nula coordinación intrasectorial entre los niveles de gobierno. En ausencia de una estructura jerárquica de orden superior —quizás desde la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM)—, toda coordinación se vuelve un saludo a la bandera.

¿Y la Profesionalización del sector?

Es sorprendente —y preocupante— que la nueva ley no mencione en absoluto a los colegios profesionales de turismo, ni reconozca su rol en la validación, vigilancia y promoción del ejercicio profesional. En un sector donde la calidad de los servicios está directamente ligada a la formación del capital humano, la omisión del rol profesional resulta un retroceso.

Los colegios profesionales de turismo no solo acreditan capacidades; también construyen ciudadanía turística, ética profesional y responsabilidad ante el patrimonio. Su exclusión de la norma denota una visión que aún privilegia al turismo como actividad económica, pero no como sistema cultural ni profesional.

Planeamiento sin horizonte ni prioridades

Otro de los vacíos más notables es la superficialidad del planeamiento estratégico. El PENTUR y los PERTUR no proyectan una visión de mediano o largo plazo como requiere el sector. Tampoco desarrollan con la profundidad necesaria la priorización de intervenciones en regiones que requieren urgentemente una reactivación turística, como el caso del Circuito Turístico Nor Oriental (CTN). Basta recordar el Plan Maestro de Desarrollo Turístico elaborado por JICA en los años 90, donde ya se planteaba un enfoque territorial claro y bien estructurado.

A ello se suma la necesidad imperiosa de fortalecer a las regiones —a través de las DIRCETURES— y a los gobiernos locales con potencial turístico. No es posible avanzar sin dotar a estos niveles de gobierno de capacidades técnicas, presupuestales y de gestión que les permitan planificar, promocionar y ejecutar inversiones públicas de manera adecuada. Las regiones deben ser protagonistas de la transformación turística, y no meros ejecutores de decisiones tomadas desde el nivel central.

No se trata solo de cambiar el texto de la ley. Se trata de cambiar la arquitectura del turismo en el Perú. Sin articulación interinstitucional, sin coordinación real entre niveles de gobierno, sin visión estratégica territorial y sin fortalecer el capital humano para la gestión, el emprendimiento y la competitividad de los destinos turísticos —tanto internos como receptivos—, ninguna norma logrará movilizar el enorme potencial turístico del país.

Sí, el Perú necesita una nueva Ley General de Turismo, pero no una que nazca solo desde el escritorio. Debe estar precedida por un análisis más profundo del sector, que permita entender las verdaderas razones del desorden en el crecimiento turístico del país. Necesitamos una ley que parta del diagnóstico real del territorio: ¿por qué seguimos con tasas tan altas de informalidad? ¿Cómo se puede mejorar la interconexión regional y multimodal de los destinos turísticos, conectando no solo con Lima, sino entre los propios circuitos del país? ¿Cuál ha sido el impacto y la eficacia de las inversiones realizadas por COPESCO desde la promulgación de la Ley N.º 27889 en 2002, que destina recursos para la instalación de servicios turísticos públicos? Estas preguntas deben responderse antes de diseñar cualquier norma. Una ley sin diagnóstico es solo un cambio de forma sin transformación de fondo.

Quizás ha llegado el momento de pensar en la creación de una Autoridad Nacional de Turismo con competencias suficientes para articular y ejecutar acciones multisectoriales en zonas de prioridad nacional. Sin este nivel de decisión, seguiremos atrapados entre el potencial y la parálisis.

Asimismo, la nueva ley debe también establecer un marco jurídico robusto que incentive y facilite la inversión pública y privada orientada al desarrollo de nuevos destinos turísticos, promoviendo la diversificación de la oferta territorial y el aprovechamiento sostenible de los recursos turísticos. Esta normativa debe priorizar la puesta en valor de los atractivos naturales, culturales y vivenciales del país, tanto para el fortalecimiento del turismo interno como para la consolidación del turismo receptivo, articulando estas inversiones a las ventajas comparativas y competitivas que posee el Perú.

 


sábado, 14 de diciembre de 2024

Este amor no es para cobardes


Enfrentar una situación adversa requiere actitud. Las clásicas perspectivas de ver el vaso medio lleno o medio vacío se presentan siempre, pero cuando hablamos del turismo en el Perú, no se trata solo de elegir una actitud, sino de tener la determinación para cambiar una realidad compleja. Este sector demanda esfuerzo, perseverancia y visión a largo plazo.

El Perú, bendecido con una diversidad natural y cultural única, posee un potencial turístico incalculable. Desde paisajes impresionantes y sitios arqueológicos legendarios hasta una riqueza culinaria, artística y folklórica que maravilla al mundo. Sin embargo, este tesoro enfrenta numerosos desafíos: falta de infraestructura, conectividad deficiente, manejo inadecuado de ciudades, problemas de limpieza y ornato, inseguridad y carencia de recursos para proyectos de inversión. Todo esto limita nuestra competitividad frente a países vecinos como Colombia y Chile, que han sabido aprovechar mejor su potencial.

Es momento de reflexionar, analizar y actuar. El fortalecimiento de las instituciones vinculadas al turismo es imprescindible. En particular, los Colegios Profesionales de Turismo deben convertirse en actores clave, articulando los esfuerzos entre el sector público, el privado y el académico. Desde las municipalidades hasta los ministerios, pasando por las universidades e institutos, cada uno debe asumir su rol en la transformación del turismo en el Perú.

El sector académico tiene la misión de formar profesionales con capacidades de liderazgo y gestión para destinos turísticos, mientras que el sector privado debe garantizar servicios de calidad a pesar de la informalidad predominante. El sector público, por su parte, debe priorizar la planificación y la inversión en infraestructura y seguridad. Solo trabajando juntos podrán superarse los obstáculos que hoy frenan nuestro desarrollo turístico.

A pesar de los problemas de inseguridad, inestabilidad política y conflictos sociales que afectan al país, el turismo sigue siendo una actividad vital. Su potencial para generar empleo, dinamizar economías locales y proyectar una imagen positiva del Perú en el mundo es innegable. Sin embargo, lograr que este sector alcance su máximo esplendor requiere una decisión firme: consolidar instituciones, profesionalizar el sector y no desfallecer en el esfuerzo.

Quienes dedicamos nuestras vidas al turismo entendemos que este camino no es fácil. Son décadas de trabajo, estudio y pasión por un sector que representa mucho más que una actividad económica; es una manera de construir el futuro de nuestro país. Por ello, debemos seguir adelante, analizando, generando consensos y fortaleciendo nuestras capacidades.

Este amor por el turismo no es para cobardes. Es una lucha constante que exige valentía, compromiso y amor por el Perú. Sigamos trabajando, porque el futuro del turismo está en nuestras manos.

miércoles, 7 de julio de 2021

Gobernanza del Turismo en el Perú

Mucho antes de entrar en el estado de emergencia del 2020, el Perú ya tenía una aguda crisis en la gestión del turismo que no era percibida como tal quizás por los indicadores de crecimiento que hemos tenido desde mediados de los 90’s; sin embargo, esta crisis no había sido advertida por los stakeholders del turismo nacional hasta que la pandemia la desnudó por completo.

Quizás por causa de la ausencia de políticas públicas en turismo para el largo plazo sumado a un vacío jurídico que permita la coordinación “obligatoria” entre los niveles nacional, regional y local; así como las coordinaciones intersectoriales prácticamente inexistentes en los espacios públicos y privados.


Desde los años 90’s hemos tenido un crecimiento superior al 8%, mayor el promedio mundial, en ingresos de visitantes extranjeros, movimiento interno de visitantes e inversiones en servicios de alojamiento, alimentación y otros servicios relacionados; sin embargo, el último ingresos de visitantes extranjeros, movimiento interno de visitantes e inversiones en servicios de alojamiento, alimentación y otros servicios relacionados; sin embargo, el último plan país para el desarrollo del sector data del año 2000 el cual nunca fue ejecutado y desde ese entonces, el sector ha estado al vaivén de los gobiernos de turno que cada 2 o 3 años cambiaban las políticas sectoriales a través de planes estratégicos los cuales quedan como una declaración de buenos deseos.


El sector privado, representado por gremios nacionales, no expresan las necesidades de las regiones las cuales están prácticamente olvidadas con escasos recursos destinos a proyectos, planificación o promoción. Por décadas, el Perú concentra en exceso su oferta turística en Cusco y Machu Picchu al sur del país mientras que el norte y la selva amazónica no han sido desarrollados para el turismo.


Existe un gran vacío que requiere urgentemente de una adecuada coordinación, una adecuada gobernanza que permita desarrollar un modelo sostenible para las poblaciones locales.


Publicado en la Revista el Turismologo (Chile) Edición Perú 01. www.elturismologo.com

jueves, 13 de mayo de 2021

¿Turismo post pandemia?

 

Hace 5 años exactamente, antes de la elección de la segunda vuelta entre Keiko y PPK, me atreví a escribir esta sucinta reflexión sobre el Turismo en el país y realmente la situación no ha cambiado y peor aun ha empeorado con la pandemia que atravesamos la cual, sin lugar a dudas, deja al sector turismo agonizando.

Artículo escrito en abril del 2016: http://peruturismoydesarrollo.blogspot.com/2016/04/el-turismo-necesita-una-reforma.html

Sea quien sea que gobierne el Perú del 2021 al 2026 tendrá un reto muy grande: REACTIVAR EL TURISMO y para empezar esa tarea debemos tener ciertas condiciones (algunas fuera del sector turismo) que permitan dicha reactivación:

  1. Para que el turismo interno se reactive será necesario que un gran porcentaje de la población que pertenece a los mercados emisores esté vacunada. Hasta que eso no suceda, será poco probable que el impacto por los viajes domésticos sea suficiente para las empresas en los destinos receptores.
  2. Que los destinos prioritarios para el turismo interno y receptivo tengan a su población vacunada.
  3. Que la percepción de los mercados emisores (interno y receptivo) sobre las condiciones sanitarias en los destinos receptores sea la adecuada, lo cual es un trabajo de promoción (PROMPERU) con mensajes específicos, y más allá de eso, que dicha percepción sea tangible en los destinos, tanto en los prestadores de servicios como en los atractivos más importantes cuya gestión y competencia recaen en el Ministerio de ambiente (SERNANP) y el Ministerio de Cultura (museos y sitios arqueológicos)
  4. Entender que el 90% o más de las empresas de turismo en el país son mypes y pymes que difícilmente pueden acceder al FAE Turismo o a medios tradicionales de créditos que les permitan sobrevivir a esta pandemia y se encuentran al borde de la quiebra. Estas empresas requieren algún tipo de salvataje económico porque llevan más de un año sin ingresos o con ingresos que no llegan al 20% de lo habitual.
  5. Estas pequeñas empresas NO SE ENCUENTRAN representadas en los gremios nacionales (CANATUR, APOTUR, APAVIT, APTAE) con quienes MINCETUR coordina las acciones para el sector. En efecto, existe un grave problema de asociatividad de prestadores de servicios turísticos en el país y las acciones para solucionarlo NO HA SIDO una prioridad para el Estado.
  6. Los emprendedores de Turismo Rural (no me refiero a los grandes lodges ubicados en espacios rurales) se encuentran abandonados a su suerte y no existen acciones específicas para ellos durante la pandemia. De hecho, no hay una normatividad específica para que puedan formalizar sus negocios, pagar impuestos o estar exonerados de hacerlo. Pertenecen además a poblaciones vulnerables ubicadas en distritos pobres o de pobreza extrema y requieren tener acciones concretas que consideren esta situación. Y ojo que debemos hacer una diferencia pues la estrategia de Turismo Comunitario de MINCETUR atiende a un pequeño porcentaje de emprendedores dentro del gran universo rural.
  7. Si el Estado cuenta con un CENTRO DE FORMACION EN TURISMO, es necesario que su alcance sea nacional. No es posible que existan destinos con serias deficiencias que no sean atendidas por el Estado. MINCETUR/CENFOTUR se excusa con un proceso fallido de descentralización indicando que es una competencia regional/municipal quienes en su gran mayoría no cuentan con recursos ni capacidades para resolver esta brecha.
  8. Se requiere asignar recursos públicos para:

a.     Elaboración de fichas para proyectos en el marco de Invierte.pe (pretender que los mismos gobiernos locales o regionales los van a elaborar es muy poco probable)

b.     Ejecutar los proyectos de inversión PRIORIZADOS que estén destinados a la adecuación y promoción de los destinos turísticos.

Podríamos extender la lista, sin embargo, es necesario priorizar acciones, planificar. El turismo en el Perú no cuenta con un verdadero plan de desarrollo sectorial. El PENTUR y PENTURES desarrollados se resumen a una suma de buenos deseos que no cuentan con responsables, asignación real de recursos, ni cronogramas de ejecución, y finalmente no son evaluados ni se asume responsabilidad por su ejecución. El último plan país fue en el 2000 con el Plan Maestro el cual no pudo ser ejecutado por diversos problemas políticos.

Y no olvidemos a los gobiernos regionales y locales, que se encuentran supeditados a las decisiones políticas del gobernador o de sus alcaldes. Realmente es imposible analizar el rol que puede ser bueno o inexistente porque cada 4 años siempre va a cambiar de rumbo.

Al parecer, el turismo seguirá siendo la última rueda del coche para cualquiera que asuma el gobierno en julio de este año.


Oscar Gamarra Dominguez
Consultor en Turismo

martes, 21 de noviembre de 2017

Apuntes sobre política y nuestro rol activo para el desarrollo del país.

Algo sobre política que acabo de leer y deseo compartir porque no podría encontrar mejores palabras para describir mi opinión sobre la política en nuestro país.

Me quedo con estas frases que estan dentro del artículo:

 "Estamos ante un nuevo tipo de maldad que a través de la burocracia transforma a los Estados en frías y simples redecillas de la maquinaria administrativa"

"Cuando la política se banaliza, se pierde este horizonte histórico que está a la base. Diluida la conciencia histórica, se abandona también la intención de construir siquiera el Perú. Diluida la voluntad de construir el Perú, ya no hay trabajo que emprender en ese sentido ni, por consiguiente, tampoco necesidad de justificar el Perú y todo lo que esta palabra implica cuando se le contrasta con la realidad que significa, describe y explica. Si bien el trabajo mayor es construirnos a nosotros mismos, poco o casi nada contribuye la clase política cuando pierde el horizonte histórico que sustenta nuestra existencia actual como país latinoamericano."

 "Los políticos genuinos, en cambio, están entre los ciudadanos honestos que contribuyen decididamente a la construcción cotidiana del Perú, llevan las cuentas de sus impuestos con total transparencia y tienen pleno conocimiento de las instancias más activas del Estado, donde está lo mejor del Perú, apuntalando esa apasionada voluntad de hacerlo un país digno y respetuoso de sus ciudadanos, un país viable y vivible que acoja a sus ciudadanos sin caer en el paternalismo asistencialista, y que los acoja en el espíritu de colaboración que está a la base del ser peruano, que confía en el trabajo colectivo y en la organización de la ciudadanía para contener al Estado peruano en su forma y sustancia, aportándole lo mejor de nosotros mismos."

"Una política basada en principios y no en las circunstancias siempre contingentes y precarias del comercio humano debiera tener en cuenta las bondades y las ventajas que reporta la consolidación de una ciudadanía más consciente de su ser, de su poder de influencia y de su capacidad de movilización"

Artículo completo: http://revistaideele.com/ideele/content/la-banalización-de-la-política por Soledad Escalante Beltrán Profesora principal de la Escuela de Filosofía de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

martes, 1 de agosto de 2017

Del turismo rural al desarrollo rural, integrando iniciativas con una mirada territorial


 Oscar Gamarra Dominguez y Ricardo Castro Pacheco

RESUMEN
El artículo realiza, de manera sucinta, un análisis de las intervenciones que se han realizado en décadas pasadas en Turismo Rural en el Perú, ya sea a través de fondos de cooperación o a través de la intervención del Estado Peruano. Asimismo, analiza la Estrategia de Turismo Rural Comunitario y su visión del mundo rural, y cómo, a pesar de los esfuerzos realizados, aún no se ha alcanzado el desarrollo de las comunidades locales. Cuestiones como infraestructura básica o generación y mejora de capacidades requieren de la urgente atención del Estado, a fin de mejorar las condiciones para alcanzar el mentado de, en el que el turismo pueda convertirse en un motor para dicho objetivo.

Si deseas leer el artículo competo debes ingresar a este link: https://goo.gl/5Fy6QA  

viernes, 8 de abril de 2016

El Turismo necesita una reforma estructural, una reforma completa.


Luego de algunas conversaciones con algunos amigos que defienden sus posiciones de derecha liberal (poca presencia del Estado) y una amiga de izquierda radical, me pareció interesante escribir esta reflexión que podría ser la base de un diagnóstico del sector que tendríamos que construir mirando hacia una propuesta que mejore la situación del sector, de los profesionales que vivimos en él y de las poblaciones locales quienes son los llamados a ser los beneficiarios directos de esta actividad.
Me reafirmo en mi convicción de buscar una reforma del Estado en nuestro sector, un Estado que asuma el liderazgo y no se limite a ser un facilitador de procesos o un simple tramitador de procesos.
Creo que en el sector Turismo, necesitamos una reforma completa en donde se convierta al Turismo en Política de Estado (ojo que no digo política sectorial simplemente) que obligue a otros sectores a trabajar coordinadamente con un objetivo: Desarrollo sostenible a través del turismo como herramienta y no como un fin. En otras palabras, dejar de pensar en la atención al turista y mejorar la experiencia del visitante como objetivo final del trabajo del Estado y poner a las poblaciones locales como beneficiarios directos de todo programa y proyecto que desarrolle el Estado en turismo.
Para ello necesitamos mejorar muchas cosas empezando por las mallas curriculares de las universidades diferenciándolas de los contenidos de institutos técnicos y dentro de eso dividir las capacidades y competencias necesarias para a) administrar o trabajar en empresas de servicios turísticos; y b) administrar y/o gestionar territorios y espacios públicos destinados al turismo. En otras palabras no es lo mismo trabajar en una empresa privada cuyo objetivo primordial es obtener márgenes de ganancias que les permitan subsistir y capitalizar sus ganancias; y por otro lado trabajar en un ministerio o gobierno regional/local cuyo objetivo primordial es mejorar la calidad de vida de las poblaciones a través de un turismo sostenible. Son dos caras de una moneda que no funcionan sin la otra.
Tenemos además un gran problema con la descentralización realizada la década pasada dejando abandonadas a las DIRCETURES amparados en dicha Ley y en la transferencia de competencias; pero sin asistencias técnicas desde el gobierno central, sin modelos de gestión válidos, sin asignación de recursos para desarrollo de producto, promoción o incluso para ejecutar los mismos programas de calidad, TRC, cultura que se realizan sin mayores indicadores ni impactos palpables desde el gobierno central. De hecho el fondo de la LEY 27889 asigna millones de soles para PromPerú y COPESCO en Lima, dejando a las regiones sin asignaciones para tales fines.
La falta de planificación, la falta de indicadores, la falta de investigación sobre los verdaderos impactos del turismo, la informalidad que podría estar sobre el 80% del total de empresas y operaciones en el sector, los bajos sueldos debido a la excesiva mano de obra del sector, la falta de interconexión aérea entre los principales destinos, la inseguridad en las ciudades, la escasa o poca seguridad en las operaciones de turismo de aventura, la falta de voluntad política de las autoridades regionales y provinciales para tomar en serio al turismo asignando recursos o priorizar proyectos nos han vuelto un destino poco competitivo y caótico.
Todo lo descrito líneas arriba sin embargo, no es fácilmente visible pues los ingresos de visitantes al país (estratégicamente escondido detrás de los ingresos fronterizos) y las inversiones principalmente extranjeras siguen en crecimiento, producto de un sistema económico que espera un chorreo turístico que no sucede y no sucederá si no tenemos una verdadera reestructuración y reforma del “Por qué y Para qué” trabajamos en turismo.
Hoy estamos a puertas de una elección en donde aún no vemos la luz al final del túnel, no hay a la fecha un solo candidato que la tenga clara y más allá de la promesas acciones lógicas en los planes de gobiernos. Seguimos viendo acciones dispersas que no tienen una visión de país en turismo.
Creo que debemos pensar de manera estratégica y holística el desarrollo sostenible, poniendo las cosas claras en el porqué el Estado utiliza al Turismo como “herramienta” para este fin; y cuál es el verdadero rol de todos y cada uno de los actores, públicos, privados, ONGs, instituciones académicas, gremios, colegios profesionales, y otros sectores como cultura y ambiente.
En los últimos años solo vemos a los diferentes gobiernos comportarse como lo hacen algunas ONGs, ejecutando acciones dispersas, sin planificación o evaluación expost solamente para mostrar resultados de gestión basados en gastos y de manera mediática realizar grandes encuentros, foros, capacitaciones para ocultar su ineficiencia y el gasto irresponsable de los recursos públicos.
Vemos proyectos de cooperación ejecutados sin incluir a los gobiernos (muchas veces se piensa que son una traba para los proyectos) generando falsas expectativas en las poblaciones, ejecutando fondos y mostrando resultados que se diluyen en los años siguientes.
Hasta que no veamos la voluntad política de un Gobierno que lidere el sector expresado de manera política y normativa así como en la asignación de recursos necesarios, no puedo augurar un verdadero cambio o mejora real del sector.
Consultor en Turismo Sostenible
Comparto además este artículo que me sirve para enfatizar el rol del Estado en el desarrollo del país;
"El mercado no es perfecto y, sin duda, no es un agente moral; con frecuencia produce y mantiene situaciones inhumanas, injustas, indignas y aberrantes. Por ejemplo, si uno sobrepone el mapa minero del Perú al mapa de la pobreza descubrirá con sorpresa ingenua que las regiones que producen la riqueza minera de la que vive todo el país y que posibilita el crecimiento económico de los sectores A y B, son las zonas más empobrecidas del Perú. Esa obvia paradoja prueba que el mercado no lo resuelve todo. Si la mano invisible fuera perfecta y condujera inevitablemente al bien común, ya lo habría hecho. ¿Por qué se demora tanto? La mejor prueba de que la mano invisible no es perfecta es que la economía mundial no es perfecta.
¿Quién debe resolver esos problemas, si se producen? Naturalmente el Estado, que sí es o, por lo menos, debe ser un agente moral. Quienes administran el Estado nos representan y actúan en nuestro nombre. Les hemos concedido, a través de un pacto social tácito que incluye su financiamiento con nuestros impuestos, el derecho de gobernarnos, de impartir justicia, de regular la vida social y la educación, de decidir en algunos aspectos puntuales qué podemos hacer con nuestras vidas y qué no. Tenemos, por tanto, el derecho de exigirles que hagan lo indispensable para que la libertad económica no produzca perversiones. Los coyunturales administradores del Estado tienen la obligación de ocuparse en convertir a nuestra sociedad en una comunidad digna y justa, de seres humanos responsables y comprometidos moralmente.”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/luisduran/2012/05/10/la-izquierda-en-el-peru-a-quienes-y-porque-llaman-caviares/

sábado, 26 de octubre de 2013

La responsabilidad Público Privada en la Gestión de los Destinos


Por: Oscar Gamarra Domínguez


Más allá del hecho contundente que durante los últimos 20 años, el Perú ha tenido un crecimiento de casi 1000% pasando de 300 mil visitantes a más de 3 millones en el año 2013 (según proyecciones de MINCETUR), es un buen momento para preguntarnos, ¿a qué se debe este crecimiento y cuáles han sido los factores que nos han llevado a ello? ¿Es acaso debido a un modelo de gestión del turismo que nos ha encaminado hacia la sostenibilidad?
El boom hotelero y gastronómico promovido por un grupo de empresarios y el creciente interés de cadenas internacionales en llegar a Perú, sumado al desborde de oferta educativa técnica y universitaria en hotelería y gastronomía en su mayoría nos confirma que realmente el turismo está de moda y Perú tiene una posición expectante en el panorama internacional.
¿Y cómo está el panorama nacional sobre la gestión pública y gestión privada de los destinos turísticos?

Revisemos las organizaciones de carácter nacional:
Contamos un con viceministerio de turismo encargado de manejar la política sectorial a nivel nacional, tenemos a Promperú encargado de la promoción del Perú y de cada uno de los destinos de manera centralizada en los ámbitos nacional e internacional; tenemos a COPESCO Nacional encargado de formular y ejecutar los Proyectos de inversión pública supuestamente priorizados que cuentan con el fondo proveniente de un impuesto sobre los pasajes aéreos desde hace casi 10 años.
Contamos con gremios de empresarios de turismo como CANATUR, APAVIT, APOTUR, APTAE, AGOTUR los más representativos del sector, cada uno con sus propias agendas, sus propios problemas llegando pocas veces a trabajar en proyectos conjuntos. .
No tenemos un Consejo Nacional de Licenciados en Turismo, pues no existe consenso entre los colegios profesionales de las regiones o incluso con la existencia de más de un Colegio profesional en una sola región y disputas judiciales.
Existen algunas ONG’s de carácter nacional que han trabajado en turismo y han sido consultadas muchas veces sobre Planes y proyectos nacionales en materia de turismo, todas con una visión muy particular sobre el uso y aprovechamiento del territorio, pero ninguna dedicada 100% al turismo o la gestión del destino como propuesta de desarrollo.

Revisemos las organizaciones de carácter regional y local
Cada región cuenta con sus propios gobiernos regionales quienes tienen Direcciones o Gerencias de Turismo encargadas de cumplir con lo dispuesto con las competencias y funciones transferidas por la Ley de bases de la descentralización. Sabemos que muchas regiones solamente cumplieron en mostrar capacidad en recursos humanos, en equipamiento para lograr la “acreditación” necesaria y requerida por Ley. Salvo pocas excepciones la gestión pública en turismo en las regiones no es la más adecuada, y muchas veces es tildada de ineficiente e ineficaz.
En los gobiernos provinciales y locales, en su gran mayoría, las oficinas de turismo no cuentan ni con técnicos entendidos ni presupuestos, ni planes, etc. Son muchas veces las encargadas de realizar las fiestas populares y eventos municipales.
Los gremios regionales no son representativos de sus asociados, existen luchas internas de poder, o en el peor de los casos, existen 3 o 4 asociaciones similares que agrupan a facciones diferentes de empresarios.
Según la Ley General de Turismo, cada región debe contar con un CCRT, o Comité Consultivo Regional de Turismo liderado por cada DIRCETUR/GERCETUR y un representante del sector privado teniendo entre sus integrantes a las instituciones más representativas de la sociedad civil relacionada al turismo como son las direcciones de cultura, de medio ambiente, de las ONG’s y del sector académico.
Tenemos además las Organizaciones de Gestión de Destinos o más conocidas como las OGD’s que fueron formados desde mediados de la década pasada gracias al apoyo de la cooperación internacional tratando de copiar un modelo exitoso de gestión público-privado europeo. Actualmente, muchas de ellas están desactivadas, desarticuladas y sin financiamiento.
Y los últimos años, el MINCETUR ha liderado la conformación de los llamados ENTES GESTORES por cada Destino Turístico identificados por ellos mismos, que tienen una conformación similar (por no decir exactamente igual) a los CCRT’s.

Entonces…

Luego de este breve recuento de algunas de las organizaciones, volvemos a preguntarnos ¿de quién depende la gestión de un destino o de un territorio en materia de turismo?
Realmente quienes tienen el mandato según la ley y quienes además reciben sus remuneraciones para cumplir con lo indicado en sus normas, reglamentos, manuales de funciones y planes operativos son las autoridades y funcionarios públicos desde el Gobierno Central hasta los gobiernos regionales y llegando a las municipalidades provinciales y distritales. Todas ellas son parte de un aparato burocrático inmenso, lento y sin un norte o plan a mediano o largo plazo, y sin un entendimiento real de los beneficios del turismo bien planificado, un entendimiento que lleve a la toma de buenas decisiones sobre los cuadros técnicos y sobre los planes y asignaciones presupuestales.

Sin embargo, quienes dependen de buenos resultados y buena gestión de los destinos para seguir existiendo como empresas son los privados, los empresarios que apuestan día a día asumiendo totalmente el riesgo de su inversión y muchas veces sacrificando más que tiempo y dinero.

Podría sonar un poco injusto pedirles a los privados que asuman un rol más activo en la gestión de un destino además de sus propias labores privadas. Pero es sumamente importante y fundamental que destinen parte de su tiempo a labores públicas, como participar y EXIGIR planes, proyectos, funcionarios públicos competentes y RESULTADOS medibles.

Creo que hemos avanzando tanto en nuestro sector que estamos en un momento crucial en donde necesitamos aportar, hacer algo más allá de la crítica, dejar de ser simples observadores de las decisiones públicas sobre nuestro sector y asumir el reto de proponer cambios y mejoras. Es además un momento decisivo para el sector académico (la Universidad), para analizar, crear, crecer, enseñar a nuestros nuevos profesionales que la gestión de un destino no es labor del Estado solamente, y tenemos que asumir nuestro rol que es quizás más importante, decisivo y definitivamente con un horizonte mayor que el de los funcionarios públicos.

No olvidemos además que la gestión adecuada de un destino debe estar dirigida hacia la sostenibilidad del territorio, a incrementar las oportunidades de crecimiento y desarrollo de las poblaciones, no sólo en términos económicos, sino pensando en el desarrollo humano como meta final. El Turismo no es una actividad que pueda ser analizada aisladamente del territorio en donde se desarrolla, por ende la gestión de la misma deberá estar integrada con otros procesos productivos y sociales.

El camino que nos queda por recorrer no está claro aún, CCRT, OGD, Ente gestor, la idea de participación público privada está clara, pero no se ha delimitado responsabilidades, competencias por Ley, no se ha definido presupuestos de soporte, y ha quedado como un saludo a la bandera.


Los invitamos a compartir sus opiniones en nuestro colectivo virtual de Gestión de Turismo al cual hemos llamado CITDES Perú – Centro de Investigación en Turismo y Desarrollo Sostenible.

Encuéntranos en:
Facebook: www.facebook.com/citdes
Twitter: @citdesperu https://twitter.com/CITDESPeru


lunes, 2 de septiembre de 2013

Turismo y ocio en el Perú

Por Oscar Gamarra Dominguez

Cada vez que hacemos un análisis sobre los avances, aportes, problemas y demás factores inmersos dentro del turismo nos topamos con paredes invisibles que van desde paradigmas e ideologías hasta competencias “transferidas” a regiones y municipalidad que lamentablemente no cuentan con la capacidad técnica para ejecutar lo que dice en el papel. Es que en realidad analizar al turismo de manera aislada separado del territorio en donde confluyen visitantes y proveedores de servicios es seguir viendo el árbol y no el bosque.

Las actividades comprendidas dentro de lo que definimos como turismo están ciertamente encerradas entre viajes, desplazamientos y excursiones; pero existe un mayor número de actividades relacionadas al leisure o uso del tiempo libre que nuestra legislación no llega a entender completamente.

Podríamos preguntarnos ¿qué hacen los habitantes de una ciudad en sus tiempos libres? Y ¿quiénes les proveen de los servicios necesarios dentro de sus ciudades?

Podríamos enumerar muchas actividades, desde las más básicas como el hacer jogging alrededor de un parque, salir a comer un fin de semana o simplemente ir a un centro comercial y al cine; hasta un poco más complejas como realizar parapente en algún acantilado o ir en grupo a un campo de paintball.

Todas estas actividades están relacionadas al leisure pero no al turismo como sector, y entonces ¿quién las regula o las supervisa? ¿MINCETUR/DIRCETUR?, ¿las municipalidades? ¿MINSA/DIRESA?
Analizando un poco más allá ¿qué pasa cuando un turista utiliza este servicio nuevo? ¿Acaso por arte de magia se convierte en “turístico” y entra en las competencias de MINCETUR/DIRCETUR?

Veámoslo desde otro ángulo. Cuando analizamos los problemas de seguridad ciudadana; limpieza y ornato público; conectividad limitada entre destinos; informalidad, sostenibilidad ambiental, inequidad en la distribución de los beneficios económicos, impactos sociales, etc. debemos acudir a otros sectores no relacionados al turismo (MININTER, MINAM, MINEDU, PRODUCE, municipalidades, policía, SUNAT, etc). Entonces, llegamos a un punto en donde creer que un viceministerio o ministerio de turismo (o dircetur sea el caso) podría realmente solucionar lo complejo de la situación es bastante ilógico.

Creo que el primer paso es hacer un análisis real y lo más completo posible de los espacios, considerando no solamente al turismo como eje del análisis, sino al territorio con la totalidad de potencialidades, actividades económicas, problemas sociales, fortalezas, competitividad y sostenibilidad del destino. Sin maquillajes, con números reales que reflejen los impactos en la economía local/regional, con estudios de impactos ex-post de todos los proyectos públicos y privados ejecutados (por ONG’s, Cooperaciones, Estado, etc), georeferenciando los recursos, los servicios, las rutas, los centros de soporte dentro de las rutas y quizás lo más importante es tener en cuenta al MERCADO (sea éste local, nacional o internacional) o por lo menos tener el conocimiento del mercado y las reglas que lo rigen para no caer en regionalismos exagerados y tener estrategias y acciones seguras y acordes con la realidad.

Otro factor preponderante en la composición de los destinos es la calidad de los recursos humanos, tanto técnicos, como científicos. ¿Quién se encarga de asegurar la calidad de la enseñanza en los centros de formación de mandos medios y en las universidades que imparten la carrera de turismo (guiado, hotelería, gastronomía, aviación comercial, bartenders, etc)? ¿El ministerio de Educación?, ¿la Asamblea Nacional de Rectores?, ¿CENFOTUR? No es acaso una de las piezas fundamentales del engranaje turístico y social de los destinos y por ende debería existir una mínima participación del Estado a través de sus órganos sectoriales responsables al respecto léase MINCETUR/DIRCETUR. Lo cierto es que hay muy poca investigación científica en turismo y muchas de las investigaciones realizadas siguen encarpetadas en bibliotecas.

Afortunadamente existen algunas universidades que estudian y analizan al turismo por su impacto social en los pueblos y no solamente por el margen de ganancias que arrojan los estados financieros. Desde aquí debe partir el enfoque de desarrollo sostenible y no esperar que el mercado regule aspectos sociales.

Muchas veces da la impresión que no mencionamos los problemas o la complejidad de estos para hacer de cuenta que no existen; o es quizás que aquellos que hacen los planes estratégicos no se han dado cuenta que hace falta más que un enfoque turístico y mapas estratégicos para que las acciones tengan impactos reales en un territorio. Dejemos de ver las cosas “turisticamente”.

La responsabilidad de estar sentado en una dirección o viceministerio de carácter NACIONAL y PÚBLICO va mucho más allá de la simple ejecución de acciones desde Lima, muchas veces sin coordinación con las regiones. A nadie se le ocurriría entrar a la casa de otro sin pedir permiso o siquiera informar de lo que se está realizando. Amparándose en la transferencia de competencias y funciones realizada hace ya casi una década, cuando es de conocimiento público que las regiones no estuvieron preparadas para gestionar y dirigir sus  espacios en materia de turismo y algunas de ellas se repotenciaron solamente para “pasar” la valla impuesta por ley. Muchas de ellas aún no asumen ese liderazgo; y cuál es entonces la estrategia de trabajo con aquellas regiones para fortalecer sus capacidades de gestión. Los que sabemos cómo se está llevando a cabo los programas de fortalecimiento de capacidades de la gestión “turística” municipal totalmente centralizado desde Lima sabemos que solamente buscan llenar sus listas de asistentes y ejecutar acciones y claro “cuidando” al detalle cumplir los procesos y normas pero sin pensar en el impacto final. 

“A nadie se le ocurriría entrar a la casa de otro sin pedir permiso o siquiera informar de lo que se está realizando”

Tanto los que trabajamos en el Estado debemos ya de sacarnos el cliché de “turístico” de la cabeza; los que trabajamos en ONGs o Cooperaciones y los operadores privados debemos asumir que tenemos responsabilidad de la gestión pública de un territorio o destino. Todos sabemos que en el turismo la calidad de los servicios se deja de lado cuando el destino es inseguro, desordenado y con conflictos sociales; entonces pensemos más allá del turismo y del turista para pensar en el ciudadano usuario de servicios de recreación, de otra manera nuestros resultados siempre seguirán sesgados.

Necesitamos establecer un sistema de medición real para el turismo y las actividades de servicios relaciomadas al ocio y uso del tiempo libre en el Perú, no solamente tomando en cuenta las cifras de ingresos por puntos de frontera, ni el gasto promedio del turista/excursionista/viajero/visitante sino una aproximación del impacto generado por el dinero gastado en viajes y servicios en todo el país. A partir de ahí es cuando debemos trazarnos metas claras y totalmente cuantificables. Cualquier acción ejecutada o documento de gestión estratégica realizado sin un norte claro no es ni debe ser respaldado por ninguno de los actores que trabajamos y vivimos diariamente de esta apasionante actividad.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Turismo, más allá de la promoción, la hotelería y la gastronomía



Por Oscar Gamarra Dominguez.


Desde que inicié estudios para ser un licenciado en turismo y hotelería, nunca fue fácil definir el grado que obtendría, es muy fácil entender cuando eres geógrafo, ingeniero, economista, cheff, bartender, panadero, es decir sabes exactamente al mundo en el que estás ingresando, pero, si estudias turismo ¿qué serás?

Definitivamente no te convertirás en Turista (aunque 90% de los que estudian turismo van convencidos que viajarán por el resto de sus vidas y les pagarán por eso), para algunos seremos guías de turismo, o seremos agentes de viajes. Si bien es cierto, esas profesiones son parte de lo que podemos hacer si nos especializamos en ello, no necesariamente todos nos convertiremos o estudiamos para serlo.

Existen muchas carreras universitarias y técnicas relacionadas al mundo del turismo y llevan el título de TURISMO Y HOTELERÍA o TURISMO Y GASTRONOMÍA; pero realmente ¿qué se estudia ahí? Analicemos un poco:

La mayoría de los cursos están relacionados a la administración de servicios turísticos: hotelería, restauración, agencias de viajes, gastronomía, etc.; también se les brinda cursos de geografía, historia, arte, algo de planificación, formulación de proyectos (en su mayoría proyectos de inversión privada) y algo de realidad nacional.

La administración de servicios turísticos y de recreación (gestión del tiempo libre: un campo casi desconocido para la oferta educativa) es muy importante, y más en un país como Perú que ya tiene un prestigio y posicionamiento internacional ganado.

Sin embargo, más allá de los viajes y de los servicios necesarios para atender las necesidades de los turistas, visitantes, público local; alguien debe planificar esos espacios urbanos y rurales que se destinan o se convierten en espacios turísticos, alguien debe encargarse de analizar esa actividad llamada turismo como un todo y al mismo tiempo como una parte del desarrollo de un espacio geográfico. La administración de empresas de servicios para turistas es muy importante, pero eso NO ES TODO.

El turismo es una actividad económica que genera grandes impactos a las economías locales y cuentas nacionales; tiene además un gran potencial para dinamizar comunidades, pueblos y regiones a través de la venta de servicios y productos que generen impactos a las sociedades y comunidades receptoras de visitantes; y definitivamente impactos a los ecosistemas… no siempre estos impactos son positivos, pero para fines de esta reflexión no ahondaremos hoy en eso.

El turismo es “la industria sin chimeneas”, es una idea usada en el siglo pasado al creer que el turismo no contaminaba; ahora sabemos que es necesario tener una adecuada gestión del turismo para reducir los impactos negativos y hacerla una actividad sostenible.

Para poder administrar y gestionar estos espacios (territorios) y desarrollar estas actividades económicas  es necesario tener conocimiento de algunas pequeñas cosas que pasaré a enumerar rápidamente:


1. Gestión pública, y no solamente cómo trabajar en medio de la burocracia pesada y arcaica actual llena de procesos y normas que uno debe cumplir si eres “empleado público”; sino tener la intención de mejorar la eficacia y eficiencia del dinero de todos, siendo más ejecutivo y no ampararse en la norma o la ley para “NO HACER NADA”, como me dijo un empleado público con muchos años en su haber: “Osquitar, mejor no te metas en problemas... no lo hagas”.
En caso trabajemos en otras organizaciones u ONG’s relacionadas con el sector, también es necesario entender la dinámica tan particular del sector público; para poder colaborar y trabajar hacia el logro de metas conjuntas y evitar la crítica sin sentido y nada constructiva a los otros actores.


2. Un mínimo conocimiento para la formulación y ejecución de proyectos de inversión pública que tengan fines SOCIALES pero enmarcados dentro de un destino con productos competitivos; sobre este tema me comprometo a seguir escribiendo con mayor detenimiento … aunque es preciso decir que la mayoría de proyectos (no solo regionales sino nacionales) son caprichos de algún autodenominado planificador, o ingeniero, arquitecto, economista, todos con muy buena intención, pero muy pocos con una correcta visión de mercado y más aún, un entendimiento claro del mercado turístico. La mayoría cae en fines puramente políticos o individualismos, que no aportan a consolidar el destino o la oferta. Es más, acabo de ver una a espaldas de mi casa que dice obra financiada por COPESCO…  es un sitio arqueológico categoría 1 cerrado las 24 horas del día fuera de toda ruta o circuito turístico actual. Es decir, una obra realizada para ejecutar el presupuesto y mostrar resultados de eficiencia en el gasto pero sin mayor impacto en el desarrollo de un espacio o un territorio. Y cuál es el problema no?, al fin y al cabo, obras son obras… pues NO. Incrementar cifras de ejecución de obras no es la mejor forma de gastar el dinero de todos los peruanos. . Necesitamos eficiencia en el gasto con una dirección adecuada midiendo impactos en vez de procesos o gasto.

3. Planificación estratégica y operativa de actividades económicas (turismo, agricultura, ganadería, agroindustria, entre otras) en un espacio geográfico llámese distrito o región. A estas alturas realizar planes para un solo sector sin tener una visión holística y de conjunto es ingenuo y absurdo). Dicho en otras palabras… Olvidémonos ya del término DESARROLLO TURÍSTICO y cambiémoslo por DESARROLLO SOSTENIBLE, entendiéndolo como un desarrollo integral que tenga como eje a las poblaciones locales y que el objetivo no sea MEJORAR LA EXPERIENCIA DEL VISITANTE.

4. Marketing, entendido como el adecuado desarrollo de productos turísticos: desde la concepción para desarrollar nuevos productos REALES con una adecuada lectura de la demanda potencial, la competencia y las características de la oferta actual de servicios; hasta el conocimiento de herramientas de comunicación tradicionales y no tradicionales utilizando eficazmente el internet y las redes sociales hasta el neuromarketing.

5. Conocimiento por parte de empleados y autoridades públicas de cómo funciona la empresa privada y sus necesidades. El turismo es movido y manejado por los  operadores TODOS PRIVADOS; pero he escuchado con mucha tristeza frases como “ellos solamente quieren ganar dinero”; y qué otro objetivo buscaría un privado más allá de obtener rentabilidad por SU inversión y asumir SU propio riesgo? Y claro, en el sector privado también se desconoce muchas veces lo que significa realmente ser empleado público…

6. Finalmente y más importante que todo lo anterior, tener gran conocimiento de la realidad nacional, de las diferencias de cada región, de los anhelos de las comunidades y pueblos que NO NECESARIAMENTE desean tener al turismo como eje de desarrollo, sino que necesitan con urgencia salir de la pobreza extrema en que el Estado y los gobiernos de turno los han sumergido. Y cuando llega el turismo como gran alternativa de desarrollo por algún nuevo empleado público o político en búsqueda de votos todos o la mayoría de pobladores llenos de necesidades miran al turismo como la salvación a sus necesidades. Decirles abiertamente que NO es necesariamente cierto o por lo menos NO a corto plazo simplemente puede ser desalentador pero real y necesario muchas veces.

Todos los que estamos inmersos en este mundo del turismo desde el otro lado de los servicios privados debemos tener como objetivo final lograr el bienestar social maximizando beneficios y reduciendo impactos negativos en las culturas locales, el medio ambiente, las economías locales y en las sociedades.

Creo que ya es hora que el Turismo sea tomado en cuenta como prioridad nacional, como uno de los pilares de la economía nacional. Para ello necesitamos profesionalizar nuestro sector, tener indicadores claros y actualizados de los impactos del turismo en las cuentas nacionales y regionales; y definitivamente tener a técnicos, investigadores y decisores de política entendidos en la materia.

Quedan aún muchas preguntas sobre la mesa:


  1. ¿Es necesario un Ministerio de Turismo?
  2. ¿Quién evalúa la gestión pública desde el gobierno central, regional y local?
  3. ¿Por qué no se ha continuado con la Cuenta Satélite de Turismo?
  4. ¿Por qué las regiones no asumen la promoción del turismo de manera agresiva con  fondos de PromPerú?
  5. ¿Quién evalúa la eficiencia de las inversiones públicas en turismo?

Empecemos a compartir información, hagamos un mea culpa de esta situación. Es momento de darle un giro al turismo en el Perú.

Lima, febrero de 2013… espero que cuando alguien vuelva a escribir sobre este tema en algunos años, la situación haya cambiado radicalmente.